lunes, 4 de enero de 2010

MIGUEL HERNÁNDEZ


Para Miguel Hernández, pastor perito en lunas, devoto de los vientos del pueblo, hombre apasionado prematuramente muerto en una España enloquecida, poeta con quien tanto he aprendido.
In memoriam, no existe mejor homenaje que sus propias y textuales palabras:


CÁNTICO – corporal
(YO, EN BUSCA DE MI ALMA)

VIVO yo, pero yo no vivo entero.
De mis ojos ausente,
careciendo de ti, mi verdadero,
canario adoleciente,
canto y estoy más pálido que un diente.

Te veo en todo lado y no te encuentro,
y no me encuentro en nada;
te llevo dentro, y no me llevo dentro,
¡ay! vida mutilada,
yo. mi mitad, ¡oh Bienenamorada!

Mi amor, a quien agrega fortaleza
la soledad del huerto,
seco de sed por ti, sufre y bosteza,
y sigue en su desierto
por no caer de tentaciones muerto.

Soy llama con ardor de ser ceniza.
Sola abundantemente,
esta porción de ti, la tiraniza
–¡oh qué guerra frecuente!–
mi pupila, tormento de mi frente.

Le falta la merced de tu asistencia
a mi amor exprofeso.
Tengo en estos rosales la presencia
y esencia de tu beso,
en tanto grado puro, en ¡tanto! ileso.

Codicioso de ti, me estoy robando,
me aplico poco al suelo;
me dedico a los dos de cuando en cuando,
a tu imagen apelo
siempre, siempre presente y siempre en celo.

Yo ya no soy: yo soy mi anatomía.
¿Por qué? de mi desistes,
peligro de mis venas, alma mía…
¡Ay! la flor de los tristes
vas a dieta de amor como de alpistes.

Desamparado el cuerpo, en desaseo,
sobre el amor en puro,
soy mi verdugo y juez, y más, mi reo,
mi tempestad y faro;
tú, mi ejemplar virtud, mi vicio caro.

Me levanto de mí cuando me acuesto
gimiendo mis heridas,
inficionado todo de tu gesto,
de tus gratas manidas,
gracias comunicables y queridas.

¿Y tu boca?, reparo de la mía,
¡ay! bello mal que cura;
¡ay! alta nata de mi pastoría,
¡ay! majada segura
y oveja de mi boca, si pastura.

Esparcida por todos los lugares,
en ellos te deseo.
Sigo tus huellas, flores de azahares,
te silbo y te zureo,
con los vientos de carne me peleo.

Patria de mis suspiros y mi empeño,
celeste femenina;
vuelve la hermosa página del ceño
que cielos contamina.
Yo para ti, si tú para mi ruina.