miércoles, 24 de marzo de 2010

LA MÚSICA ES AMIGA DE CIBERCULTURALIA

Fotografía de Juan Manuel Castro Prieto, recogida en el blog Ciberimaginalia

Desde que entré por primera en el blog de Carmen, no he podido ni me ha apetecido salir de él. Me he vuelto adicta a su mirada lúcida sobre la realidad actual y a su lado lúdico, el que refleja en su amor por los viajes, por la fotografía, por el cine, por la música y por las artes en general.

Cuando Carmen se da un respiro en sus análisis cotidianos y se entrega al ocio, surge toda su alegría, una alegría que yo disfruto entusiasmada. De su mano, recorro remotos países, admiro hermosas o impactantes fotografías (su blog Ciberimaginalia es una delicia), degusto entretenidos documentales o magníficos cortometrajes, aprendo curiosidades artísticas de culturas milenarias, asisto a interesantes exposiciones de arte y, como bien puede deducirse, aprendo deleitándome, la mejor manera de aprender como todos sabemos.

Dentro del universo lúdico de Carmen, la amiga Ciberculturalia, existe una afición con la que se regala y nos regala periódicamente. No puede resistir muchos días seguidos sin acudir al bálsamo de la música. Esa pasión suya –que a mí tanto me hace disfrutar– es múltiple, diversa y variada. Da fe de ello su sección Músicas del mundo. Lo mismo nos obsequia con maravillosos intérpretes desconocidos para el gran público, procedentes de países africanos (Etiopía, MaliBurundiTogo, Sudáfrica, Senegal, Benin…), como con agrupaciones multiculturales donde degustar voces fantásticas (como la de la israelita Tula, que es encantadora) o con las personalísimas querencias suyas que abarcan un amplio abanico, desde la música clásica, la ópera, el jazz (Madeleine Peyroux, en una dulce interpretación de la canción de «su» Leonard Cohen «Dance me to the end of love», la relajante o la de cantautores grabados en el alma de todos (Víctor Jara, por ejemplo).

Dentro de sus particulares idilios, destacan algunos muy sonados, como el que mantiene con Chopin, que ha sido objeto de múltiples habladurías y al que aludió Ramón en su brillante entrada del martes de esta semana. Pero su pasión se desata sin freno con Leonard Cohen. Leonard es su enamorado de siempre, el regazo al que siempre regresa. Leonard es suyo (otro novio que me ha birlado esta Carmen) y se confunde con ella en un baile sin fin. Leonard vive en su interior y, en ocasiones, brota en sus escritos, porque bien sabemos que los amores son muy difíciles de ocultar.

No encuentro mejor regalo para ella que la maravillosa voz de terciopelo de su amadísimo Leonard Cohen. Ahí va, para ella por ser tan magnífica.