jueves, 20 de mayo de 2010

EPÍSTOLA DEL RETORNO


Como decíamos ayer, y decía un viejo profesor ya fallecido a su vuelta a la Universidad, «las ilusiones rotas son malas compañeras de camino». Es bueno para el alma embarcarse en proyectos y luchar por ellos. La juventud del corazón se mide por nuestra capacidad de entusiasmarnos en nuevas aventuras. Recorrer una travesía apetecida llenos de gozo, vivifica nuestro espíritu.

Ya habrán podido suponer que cumplí mis expectativas. Me he entregado, con toda la fuerza de una pasión salvaje y avasalladora, a aquello que mis ansias apetecían y calificaban como lo óptimo en un momento concreto. Estoy contenta. He cumplido como mejor he sabido hacerlo, no digo de la mejor manera posible, sino de la mejor forma que sé. He disfrutado en el itinerario de mi viaje esforzado y repleto de ilusión, porque no merece la pena ningún fin si los medios para lograrlo no nos satisfacen –léase Maquiavelo al revés o, si se quiere, el fin no justifica los medios, sino que son los medios los que me hacen apetecible el fin–. Este axioma, en principio tan sencillo, no siempre se ve claro, pues son muchas las veces que confundimos la esencia de las cosas y calificamos como bueno un resultado en cuya consecución no se ha complacido nuestra mente. No ha sido mi experiencia, por fortuna, que si algo he asimilado ya con el paso de la vida es que no me meteré en viajes en los que no pueda regocijarme con el recorrido hasta alcanzar la meta. La inmensa mayoría de las veces la meta es el mismo viaje. Esos son los viajes que me gustan.

Y, hablando de viajes, se preguntarán por mi viaje a Italia. Ayer mismo, cancelé las reservas que tenía efectuadas. Imprevistos familiares así lo han aconsejado. Vendrán mejores momentos para que la inquietud viajera despliegue sus pasiones. Entre tanto, retorno a mi cobijo con la alegría de los reencuentros. Es un gran placer coincidir con viejas y nuevas amistades, abrir las puertas y las ventanas y que se llene mi casa del aire de tantas vidas estimadas, de la pulsión de tantos corazones generosos.

Los he añorado mucho durante todo este tiempo de ausencia. Por fin, puedo volver con ustedes para aprender que la vida es un viaje que se realiza mejor en compañía.

Las puertas y las ventanas están abiertas y la celebración del retorno en cada partícula de mi alma. Bienvenidos sean.