martes, 24 de enero de 2012

AMIGOS GENEROSOS

Cuando las palabras escritas en la soledad llegan a otros semejantes y los conmueven hasta el punto de hacerlas un poco suyas, se produce en quien las ha escrito un sentimiento de profunda comunión con ellos, de cómplice hermanamiento, al notarse entendido en lo más hondo del significado y sostenido en lo externo de las líneas, en su soporte formal. Esta maravillosa sensación la experimento desde hace días y hoy se ha repetido para mi gozo. Me explico:

Durante toda la semana pasada, un amigo español que vive en Argentina, Rafael Blanco Vázquez, tuvo un microrrelato mío –junto con otros tres excelentes de tres autores- en su blog El hámster y otros cuentos. Con anterioridad, Rafael me había pedido permiso para sacar en su blog dicho microrrelato: «La enferma», que goza de buena estrella, pues también fue publicado en La Esfera Cultural, además de en el presente blog en marzo de 2010. Me resulta curiosa la historia de este microrrelato, uno de los primeros que escribí, allá por la primavera de 2002, cuando el género de la hiperbrevedad empezaba a surgir con una cierta timidez, amparado en el magisterio del magnífico escritor Luis Landero, para mi gusto uno de nuestros grandes novelistas actuales, una pluma llena de hondura, imperdible e imprescindible.

Y hoy, el amigo y estupendo poeta Luis Miguel Rabanal, una persona entrañable para mí, a la que admiro y quiero, ha sacado en su blog, Más palabras para olvidar, un poema de mi autoría: «Una hoja seca», ya publicado en este cobijo en el otoño pasado, cuando Luis Miguel y yo empezamos a conocernos.


Desde aquí, quiero dar las gracias a ambos amigos, a su generosidad y a su apoyo, a su manera elegante de hacer las cosas y a su forma noble de proceder que los retrata como seres respetuosos con la propiedad intelectual.
Gracias a los dos. Con vuestra actitud, habéis conseguido que me sienta extendida y comprendida, alada casi.
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      El sábado 28 de enero, en su blog Arte y poesíael amigo Mateo Santamarta,  saca dos poemas míos: «Amanecida» y «Cronos». Una agradable sorpresa que le agradezco al entrañable y querido Mateo con todo mi ser.

Pinturas de Karl Witkowski, Edvar Munch y Giovanni Dalessi
Fotografía de Isabel Martínez Barquero
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