lunes, 2 de abril de 2012

EL EGOÍSTA


       Edward Hopper: Gente al sol

       Siempre había sido considerado como un ser muy servicial, atento a los problemas de los otros, preocupado por los mínimos avatares de cualquier vida que arribara a la suya. Cincuenta y cinco años de existencia intachable a los ojos de todos.
  Practicaba el bien por puro instinto, porque no sabía comportarse de otra forma, aunque su práctica le deparara innumerables males propios.
Así fue hasta el día en que decidió sacudirse la tristeza. Desde entonces, muchos lo consideran un traidor por el solo hecho de atender sus apetencias en primer término.

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