lunes, 21 de mayo de 2012

ADVENIMIENTO ACIAGO

Baco enfermo, de Caravaggio
(Tarjeta postal adquirida en la Galería Borghese, Roma)


Tú viniste como una espiga alzada, 
como una flecha sin destino preciso. 
Bebiste vino amargo en copas como enigmas 
y secuestraste la armonía de las guitarras dóciles. 
Tú viniste con solares emblemas. 
Esculpías discursos de ébano en las sombras 
y añorabas nostalgias de elevadas alturas 
por las que la sangre lapidaba insomnios. 
Tú viniste en tu agudo silencio. 
Quebrabas las muecas en los perfiles rotos, 
arrojabas los deshechos de las palomas sosas 
y enturbiabas las alas de las gacelas nuevas. 
Tú viniste para el canto ignorado. 
Amargabas la noche con centros de virutas
y aguardabas las iras del amanecer hiriente, 
en el que las manos obtenían gracias. 
Tú viniste sobre caballos de antiguos licores sin memoria,
sobre yeguas de estupor que sorbieron jugos 
y dejaron colgadas mis vigilias
en unas lunas de infantiles pánicos. 
Tú viniste sobre soles oscuros. 
Te enredabas en los valles del sueño 
y rebelabas un motín de gaviotas 
en la estrecha cintura de la cuerda. 
Y te fuiste, agrio, entre la neblina 
mientras en la lágrima sollozaba un ángel muerto. 
Muerto, sí, 
pues la muerte es el aire de los resucitados.

(De mi libro Lunas de ausencia)
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