lunes, 30 de julio de 2012

VERANO

Fotografía de Isabel Martínez Barquero

       Desde que tengo memoria, he escuchado que hay que tomarse un respiro en verano, que el verano es época de relajación, tiempo para distanciarse de las tareas que solemos hacer de manera habitual, momento para recargar las baterías que nos mantendrán fuertes y alimentados durante todo el año. Se trata de romper con las costumbres cotidianas para que nuestro interior se reponga en la ausencia de rutinas y en la falta de obligaciones inaplazables, casi como si nos diéramos permiso para volver al niño o niña que fuimos.
En verano, hay más luz, y la luminosidad nos llama hacia los espacios exteriores para que la gocemos sin ventanas intermedias. 
En verano, el aire de la noche es un imán difícil de resistir.
En verano, el mar tienta más que nunca y apetece sentirlo en la piel con toda su carga reparadora.
En verano, se incrementan las ganas de estar con los amigos.
En verano, se atienden los pequeños trabajos caseros que se han acumulado a lo largo de los meses.
En verano, se hacen trayectos cortos en busca de la belleza o la aventura, sea la de un paraje o la de un libro.
En verano, dejamos que la mente se pierda en siestas y en ensoñaciones que la fortificarán.
En verano, las temperaturas suben en el termómetro y huimos de los focos cálidos por puro instinto, como lo es un ordenador.
Por todo lo expuesto, porque es verano y las cigarras tañen su recordatorio, me despido de todos hasta septiembre, donde espero volver renovada.