miércoles, 23 de enero de 2013

¿CÓMO SE HACE?


Nos multiplicamos en las redes sociales. Los humanos de ahora somos seres que tecleamos los pensamientos y sentimientos en la extensión maquinal sin la que ya no somos. Ninguno podríamos vivir sin nuestro ordenador, ese apéndice de nuestra alma que nos proporciona un eco inmediato y placebo, de ahí el éxito masivo, pues a quién no le vienen bien unas palabras de aliento o de apoyo. Estamos vapuleados por una fea realidad que nos roba los sueños en los que tantos esfuerzos invertimos, así que es comprensible que nos refugiemos en un mundo de colorines, siempre transitado y con ambiente, donde nunca nos hallamos solos o faltos de estímulo. Nos conocemos por pequeñas cuadrículas que encierran una porción de nosotros, sea real o metafórica. Cultivamos la amistad con personas que están a miles de kilómetros y lo hacemos a diario. Nos mandamos besos, abrazos y utilizamos una cortesía antigua que no se pone en práctica cuando nos encontramos cara a cara, donde somos más normales y sobrios.
Parece que si no estás aquí, allá y más allá no eres nadie. Me admira la inmensa capacidad que observo en muchos de llegar continuamente a todo. A mí apenas me alcanza el tiempo, pero no me doy por vencida. Aun sabiendo que no lo conseguiré, pretendo llevar una vida normal, con contactos reales y cotidianos sin los que no puedo pasarme, y, además, tener miles de amigos en todos los recovecos de Internet. Se admiten consejos, ideas e, incluso, regañinas. También se aceptan trucos para no acabar de los nervios en el intento de subir un vídeo, por ejemplo, o en cualquier otro aspecto de la puñetera técnica; trucos sencillos, no tratados exhaustivos. Al fin y al cabo, todos somos habitantes de este nuevo mundo que nos castiga la vista y, a veces, cuando no se emplea la moderación debida, el cerebro.
Por mucho que reneguemos en ocasiones, no hay que engañarse, pues continuaremos en este inmenso edificio con habitaciones llenas de sorpresas. Bendito el que entra en todas y se mueve por los pasillos como un auténtico experto. A mí, con la vida real, Blogger, Facebook y Twitter ya me basta y me sobra. Sé que no soy un ejemplo y desde ahora declaro mi admiración por todos aquellos que pueden con eso y, además, con Tuenti, Two, Klout, Linkedin, Pinterest, Hi5 y no sé cuantísimos más. En algunas de esas redes estoy aunque no sepa usarlas o para qué sirven, bien sea porque te meten las altas instancias de la política virtual (caso de Google +); en otras entré y no recuerdo cuándo ni cómo ni las claves de acceso (caso de Linkedin); y en otras he decidido que ni las huelo, que no hay humano que dé tanto de sí o, al menos, yo soy cortita y no estiro mucho. 
Dentro de poco necesitaremos un ordenador para el almacén de los nombres de usuarios y contraseñas. Tiempo al tiempo. Yo ya llevo una libreta para no perderme en este enjambre. Y si me pregunta cualquiera, no dudo en afirmar con convicción las virtudes de las peripecias en las ondas y de los conocimientos de personas magníficas, que normalmente ganan en el cara a cara, como he tenido ocasión de comprobar sobradamente. Eso sí, a mayor número de redes, menor control se ejerce, porque es imposible estar en todo y a todas horas. Este es un principio no formulado pero supuesto por cualquier mente pensante. Aunque tal vez me equivoque y acabemos siendo todos ingenieros o magos. Todo es posible.