lunes, 6 de mayo de 2013

MENTIRAS

Hombre con sombrero y paloma, de Magritte  

Que la vida está colmada de mentiras lo sabemos todos. Circulamos por las mentiras como hábiles navegantes de un universo de falacias. Nos hemos acostumbrado a ellas y, quizá, sostenemos la civilización viciada que nos ha tocado en suerte gracias a esas falsedades. Se engaña en la calle, se tergiversan los hechos en los hogares de bien, se adultera la realidad desde las más altas instancias, se disimula lo más genuino y, como no podía ser de otra manera, se miente en internet, se miente muchísimo en estas ondas donde el ego juega a ser lo que le dicta el súper yo, en estas latitudes evanescentes donde se alardea de lecturas no efectuadas, de amistades ficticias, de filias y fobias de pura apariencia de cara a la galería, de cultura abrumadora y de intelecto colosal. Somos los más listos, los más simpáticos, los más sensibles, los que lo hemos leído todo, los que lo hemos escuchado todo, los amigos perfectos... ¡Pobre circo de vanidades! ¡Pobre caja tonta llena de sueños que duran lo que dura un suspiro!
Entonces, ¿qué hacer cuando se es sincero y no cabe en el espíritu el disimulo? ¿Qué hacer cuando la denominada «marca personal» es el propio yo que no conoce los disfraces y que elude los artificios? Me cuesta responder, pues asisto perpleja a las toneladas de cariños falsos, de cortesías inútiles, de silencios hirientes, de besos fingidos que no se dan en la realidad e ilusorias confianzas que no existen más que en el ámbito íntimo de cualquier mente floja. Como en toda manifestación humana, internet también está plagado de hipocresía. Menos mal que algunos se libran de este trastorno y son tal cual se muestran, sin intereses mezquinos, sin egos mayúsculos, sin caretas deformantes. Son los menos, pero existen para hacer brillar la alegría y para insuflar regocijo y bríos renovados.
Y toda esta perorata para poner de manifiesto lo evidente: lo que cansa el mundo, lo que cansa internet —o ese otro mundo salpicado de los mismos defectos y virtudes que el mundo real—, lo que cansan las personas falsas, y, también, lo que alegran los seres auténticos, aquellos que aparecen en nuestra vida y ya se queden, ya pasen de largo, dejan su impronta para siempre, nos marcan con su personalidad luminosa. Porque —no nos engañemos— no todo el que llega a nuestra orilla tiene vocación de permanencia a nuestro lado.

Thomas Mann 

Pero más vale no dar muchas vueltas a las pequeñas decepciones que sufrimos con quienes consideramos que eran dignos de nuestra estima. La existencia está llena de seres maravillosos y es normal que, en ocasiones, nos invada el desánimo cuando sufrimos una desilusión. Y de todo puede sacarse partido, pues, como indica Thomas Mann en un escrito que atribuye a Kretzschmar en Doktor Faustus: «El cansancio, el tedio intelectual, el asco por los procedimientos conocidos, el maldito impulso de ver las cosas iluminadas por su propia parodia, el sentido de lo cómico, son el recurso de que el arte se sirve para manifestarse objetivamente y realizar su esencia».



Nota.- Aquí dejo un enlace de una entrevista, Las doce lunas, que he tenido la suerte de responderle al escritor y amigo Antonio Parra Sanz en su blog Gomesycompañía. Espero que os guste. Lo que es bien cierto es que me he desnudado bastante en ella, porque —mal que me pese en los tiempos que corren— me cuesta mentir.