miércoles, 10 de julio de 2013

BUENAS, ¿SE PUEDE?

Aquí estoy, descansada, llena de proyectos e ilusiones nuevas. Aunque los blogs se estén muriendo, me cuesta estar apartada de este Cobijo que tantas alegrías me ha dado, así que regreso con mis ideas en orden, decidida a no caer más en la estúpida trampa del bloguerío cortés e insustancial, alocado y figurón. Me centraré en mis intereses inmediatos, ya que el refrán lo avala: «La caridad bien entendida empieza por uno mismo». Escribiré en esta página virtual cuando me apetezca y visitaré los blogs que decida en un momento dado, al margen de balanzas que imponen pesos sobrehumanos a quienes tenemos un número considerable de seguidores y comentaristas. Con idéntico criterio, comentaré o no comentaré, pues no siempre se está en disposición de emitir un juicio, por breve que sea, lo que no obsta para que nos interesemos en la lectura. Se acabaron las obligaciones, amigos. El blog ha de ser esparcimiento y puesta en común, no una carga inaguantable. Habrá temporadas que esté más activa; otras, menos... Siempre el Cobijo a mi servicio y no yo al suyo. Me da igual perder seguidores o comentaristas, pues a quien le interese lo que escribo arribará a esta orilla cuando pueda y comentará cuando le venga en gana. No atenderé a devoluciones de visitas, sino que iré a donde me apetezca y cuando me plazca, como espero que hagáis vosotros conmigo, que la libertad debe ser la guía de nuestro comportamiento, así como la cultura y la diversión deben presidir las aspiraciones de nuestro ocio.
En esta entrada de retorno, me gustaría saber vuestra opinión sobre estas dos imágenes que os dejo: cuál os gusta más. Llevo semanas con la idea de cambiar la portada de Aroma de vainilla, esa que podéis contemplar en la columna derecha de este blog, y que ya no me agrada por varios motivos: el aspecto de bodegón culinario que puede inducir a error sobre el contenido de la novela y su forma apaisada, no demasiado apta para ser la portada de un libro. El caso es que he escogido dos cuadros como posibles portadas, ambos del mismo autor: Renoir. Les he colocado las letras y aquí os dejo el resultado a ver qué os parece, que a mí me cuesta decidirme entre ambas, así que estaré muy atenta a vuestra opción. La primera se basa en el cuadro En la terraza y la segunda, en el cuadro Confidencias. Ojalá que con este cambio, cambie también la suerte de Aroma de vainilla y consiga ser una novela más leída. Hasta ahora, quienes han entrado en sus páginas, les gusta y así me lo comentan en privado; incluso, algunas personas han hecho reseñas estupendas en sus blogs (se pueden ver en «Reseñas y menciones de mis libros»), por lo que les estoy muy agradecida. Lo que cuesta mucho es que me comenten en Amazon y, claro, de esa manera, con lectores que ni puntúan ni comentan, me vuelvo absolutamente invisible en esa plataforma descomunal. Pero no me quejo ni pediré a nadie que haga lo que no le apetezca. Quizá las cosas han de ser así, quizá. Entiendo que la lectura digital es novedosa y la participación activa en su valoración también. Lo que me cuesta comprender es la causa de que se me comente tanto en privado y no se diga nada allí, cuando la auténtica ayuda la obtengo de los comentarios públicos. Pero repito: que cada uno haga lo que le plazca; no soy persona de exigencias hacia los demás, lo mismo que no me gusta que me las impongan a mí. Asumo, y he asumido siempre, la dificultad de abrirse camino en el mundo literario.
Deseo que estéis pasando un buen verano no obstante las tontadas y sinvergonzonerías de nuestros políticos. Gracias de antemano por opinar sobre el asunto de las portadas, a las que les pongo dos números: el 1 y el 2, para que así os sea más fácil de indicar vuestra opción.
Abrazos para todos.

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