sábado, 9 de noviembre de 2013

CRECEMOS, PERO NO NOS MULTIPLICAMOS

Como escribía hace poco, estoy en época de aniversarios. Concretamente hoy, nueve de noviembre, se cumple un año de la primera presentación pública de mi libro de relatos Linaje oscuro, un libro que me está dando grandes satisfacciones, tanto de crítica como de lectores. Pero no hablaré de mis libros, publicados o no, aunque sean mi vida, mi pasión y el horizonte cotidiano de mis horas; parece que no agrada demasiado, aunque no entiendo la causa, pues bien anuncio que soy alguien que escribe, y quien escribe llega a formar libros. Casi me callo las ganas de hacer algún chiste incluso, pero la prudencia impone el silencio y la generosidad el trenzar palabras para la lectura gratuita y no comprometida con una autora que lleva ya cuatro décadas y un lustro de escritura a sus espaldas. Eso sí, la que aquí escribe se decidió a luchar por sus letras un poco tarde, justo hace cuatro años, así de imbécil es.
También hoy se cumplen cuatro años de la existencia de este blog, un Cobijo deslenguado, anárquico y bastante autosuficiente, que va por su cuenta y riesgo cuando yo no estoy con ánimos de muestreos externos. Porque no siempre está una igual ni es maravillosa todo el rato ni desalmada de continuo. De todo hay y cualquiera bien lo sabe, pues aquí todos participamos de la misma naturaleza humana, aunque escondida tras la técnica y los colorines cibernéticos pueda parecer divina.
Pasaron los días de luchas con este Cobijo compañero, aquellos en los que se amotinaba frente a mi inacción. Ahora hemos crecido ambos y no nos pedimos la luna, el sol o las estrellas. Somos lo que somos y llegamos hasta donde llegamos. El tiempo es finito y son muchas las tentaciones y reclamos de esta nueva era donde la comunicación global nos conecta a todos y nos abre el mundo cada mañana en la pantalla del ordenador. Al principio, ingenuos, suponemos que llegaremos a todo, que podremos con las decenas de redes sociales, el trabajo, la familia... Pronto comprendemos que es imposible; entonces nos dejamos guiar por la apetencia del momento y no es malo. Esto es ocio y el ocio es libre. Que cada cual vaya donde quiera, cuando quiera y como bien le plazca, que yo hace ya tiempo que lo hago. No paso lista ni me gusta que me la pasen. Eso sí, diré que a lo largo de cuatro años ocurren muchas cosas en estos escenarios virtuales y aparecen y desaparecen amigos con una facilidad pasmosa. Mientras crecen los contactos, todo parece rodar sobre ruedas; pero, ay, cuando desaparecen fulanito, menganita o zutanito, ay... Me refiero a esas personas con las que nos hemos encariñado, que han contribuido con su comportamiento a que así sea y, de golpe, desaparecen sin explicaciones ni misericordia hacia nosotros, que nos quedamos contritos, pensando qué mal les habremos hecho, qué ofensa le habremos asestado a quien antes tanto nos quería. Sinceramente creo que esta pérdida es lo más doloroso a lo que nos expone la actual realidad virtual, al menos para mí. Quizá es que debemos acostumbrarnos a esta nueva forma de relación y que las personas que se nos han metido en el alma desaparezcan sin ninguna causa aparente. Ya digo que esto es lo que peor llevo, lo que más me hace sufrir, por lo que procuro ahora ser más distante, que no soy masoquista, la verdad.
Pues dicho lo dicho, e incluso expuestas las ausencias que me duelen, no me queda más que irme con la música a otro lado. No es que me vaya del blog, no. Por aquí seguiré como hasta ahora: cuando me apetezca y pueda. Como soy curiosa, también me meto por otros corrales, como Facebook, Twitter o los blogs donde me gusta colaborar; pero no alcanzo a la totalidad del campo, por lo que se me escapan Google + (con la cantidad de personas majas que hay por allí), Linkedin y muchas más redes en las que ni he entrado por razones obvias: internet tiene su tiempo y la vida el suyo. O lo que es lo mismo: no me multiplico ni tengo asalariados que estén por mí dando caña en las redes, que aquí todo es artesano.
Os abrazo a todos y cada uno de vosotros con toda mi gratitud por leer las torpes líneas trazadas y brindo con este Cobijo por haber sido capaz de mantenerse en las ondas pese a todas las tormentas que ha sufrido.

La primera foto es del lunes 4 de noviembre y fue tomada por Mariano Sanz Navarro en la cafetería Zalacaín de Murcia.
La segunda foto es del 12 de junio y fue tomada por mi marido, Andrés, en la abadía del Mont Saint Michel.