martes, 23 de septiembre de 2014

EL NERVIO DE LA PIEDRA


Tengo el gusto de avisar mediante esta entrada de la aparición de El nervio de la piedra, un poemario para almas valientes que estén dispuestas a hacer conmigo una bajada a los infiernos. Eso sí, después nos alzaremos para alcanzar el cielo más brillante. Los humanos somos duales: sombra y luz, canto y lamento, risa y llanto. Quizá no haya vehículo más adecuado que la palabra poética para dejar constancia de lo que nos aflige y nos cuesta nombrar. Solo el misterio de la poesía conoce bien las arrugas del espíritu. Pero la catarsis siempre se opera con la escritura, de ahí que sea la propia palabra la que busca cauces de salvación y nos rescata de las simas que amenazan con devorarnos.
Pero, en vez de improvisar yo misma sobre la temática de los 70 poemas contenidos en el libro, os dejaré la imagen de la contraportada, donde la editorial resume de forma hermosa el eje de este poemario. Eso sí: sed piadosos con mi rostro, que en la imprenta se ha llenado de unas tonalidades rojas en lugares que no le pertenecen y de unas sombras oscuras en sitios donde nunca han existido (ay, ay, ay).


El libro ya se puede adquirir en su formato impreso (el digital tardará un poquito más). Y se puede comprar en la web de la editorial, que lo remite sin gastos de envío dentro de España, encargándolo en una librería o, bien, pidiéndomelo a mí directamente (que, como no soy profesional de la edición ni tengo soltura de bolsillo, no me queda más remedio que cobrar los gastos de envío; pero, al menos, lo dedico a quien le interese). Si alguien se decide por la última opción, arriba de este blog, en la página Contacto, encontraréis mi correo electrónico.

Y como la mejor presentación creo que puede ser una muestra, os dejo el primer poema, el que abre el libro:


VÍA OCULTA


Afirmo que hay caminos quebrados
en las noches insumisas,
senderos vulnerables en las sombras
que conducen hacia el nervio de la piedra.

Antes hubo un tiempo para el suspiro,
otro para el poema y otro más para la música.
Eran tiempos que se enlazaban,
con el generoso pasar de sus minutos,
en la contemplación de la vida,
en el futuro que se abría
y nos aguardaba con toda la felicidad
que, luego, se nos negó.