martes, 29 de junio de 2010

ESCUELA DE MANDARINES, DE MIGUEL ESPINOSA (y II)


Concluyo en esta entrada con el libro Escuela de mandarines, de Miguel Espinosa. Sé que su lectura no es fácil ni su voz un bálsamo para oídos que sólo esperan complacencia. Pero me ha conmovido la grata acogida de este autor por muchos de vosotros. Haberle dedicado estas entradas es una fruslería en comparación con todo lo que he aprendido de su literatura, de sus palabras y de su actitud vital y humana. Todas las hipérboles (a las que él era tan aficionado) resultarían escasas para definir su obra. Me conformo con que gane un solo lector y hago una fiesta si consigue más de uno, ya que considero que la mejor ofrenda hacia los escritores muertos que admiramos es leerlos.

De nuevo, un repertorio de párrafos y frases al azar de su genial Escuela de mandarines:

«Por venir de la luz, poco vimos y sentimos, sino desolación y frío; mas al momento advertimos un pequeño púlpito ocupado por una figura enmucetada de rojo, embirretada de negro, empuñetada de encaje, enguantada de blanco y togada de verde, que no se movía ni hacía ademán, por lo cual parecía imaginada para estética y misterio de la estancia.»

«–¿Por qué nos recibes así? –preguntó Mitsukuri.
–Porque soy estatal –respondió una voz ahuecada.»

«La muceta es ortodoxa, y la vulva, heterodoxa.»

«–Mira, Mitsukuri, que la locura se contagia, y más si es provinciana. Esta ciudad no es el mundo, aunque se empeñe el enmucetado, ni la vulva de Menzi, todas las vulvas. Y aunque vine a la Feliz Gobernación para irritarme y protestar, no quiero sufrir una irritación provinciana. Zanjemos, pues, el asunto y marchemos.
–Tus palabras me han convencido, Eremita neutral –contestó parsimoniosamente Mitsukuri–. Dejemos que los enmucetados engrandezcan lo pequeño, se sacralicen, revienten de satisfacciones, exhiban sus esposas, muestren sus títulos y figuren en las crónicas locales. Nosotros seguiremos recorriendo el Imperio y tentando al mundo, donde nos espera la emoción, el pensamiento, el arte y la afección de todos los seres y cosas. ¡Vayámonos!
–¡Cómo se evidencia tu talante insubordinado y enemigo de lo estatuido!»

«El talento es bondadoso y modesto, amén de paciente.»

«Indaguemos la Historia, maestra de la vida. Establecida la miseria en el mundo, como resulta probado, algunos espíritus reservaron para los gozantes el reino de la Tierra, y ofrecieron a los sufrientes el Reino de los Cielos, componenda estética, aunque ortodoxa. Otros, por el contrario, como aquel Ciriaco, quisieron entregar a los sufrientes el reino de la Tierra, solución a todas luces heterodoxa, combatida por la tradición y la espada de los Procónsules. Pero nadie pensó la estupidez de prometer los dos reinos, pues, por dialéctica de la razón, el segundo fue ideado como antítesis y consuelo del otro, de forma que los dos no pueden coexistir lógicamente.»

«Pese a los hechos, no os desencantéis ni entreguéis a la superficialidad de rehusar la existencia y el mundo, pues la voluntad ha de ser más pura que la razón y su experiencia. Junto a la altivez, habita la modestia, y junto al ansia y locura de Poder, lo que no desea actualidad. (Del recado de Mitsukuri)»

«Los mandarines y sus lacayos han sucumbido a dos tentaciones: adorarse a sí mismos e inventar discriminaciones. A tales mímicas corresponden dos inmundos: el que se preocupa de sí y el que obra arrogante. Cuando se parte de estas pasiones, la maldad y la crueldad vienen por añadidura. (Del recado de Mitsukuri)»

«Entre las muchas cosas que me enseñó Mitsukuri, tengo por patético saber que algunas apariencias existen, y, sin embargo, no son.»

«A mi entender, ningún mal es tan grave para una Gobernación como la aparición del pensamiento en las castas menesterosas, cosa que los mandarines tampoco ignoran. La hartazón busca la mentira, y el hambre, la verdad, porque ésta es naturalmente gratuita, y aquélla se compra.»

«La Ira del Justo es el mayor azote que puede caer sobre los humanos.»

«Yo no soy de los cobardes que se preguntan qué vendrá después, ya que considero deber del hombre esperar un Cielo en esta vida.»

«O la Inteligencia pertenece a los insumisos, o ella es insumisa por naturaleza y destino.»

«Luego mandó confeccionar una relación de escritores contemporáneos, para humillar la opinión del Oráculo, y vio que pasaban de ochocientos mil, todos incensadores, excepto un mudo, que jamás escribió ni pronunció voz, y de quien no sabían por qué fue inscrito en el Censo de Solicitadores del Vocablo.»

«La misión del Arte es crear la utopía y contagiarnos de ella; por eso resulta eminentemente paidético o didáctico. “Hemos de admitir que todo Arte es lírico, o que el verdadero Arte es lirismo”. (De la “Estética Didascálica”, de Lamuro)»

«Y ¿cómo podría organizar aquelarres, intimar con los misterios y descubrir cuanto el hombre guarda en su corazón, sin dominar la poesía –respondió Cebrino.»

«Pues no existe dictador individual, sino todos con séquito de moralistas, consultantes de la Divinidad e intérpretes del vocablo.»

«Si nos oponemos a la inagotable multiplicidad, rehusamos de antemano lo profundo, trivializamos la existencia, mecanizamos el ánimo y nos esposamos con lo aburrido; en suma, nos entregamos a lo inmundo. Soy el hombre que más odia la Feliz Gobernación, como ya dije, pero cuando camino al sol y al aire, lo olvido y canto complejos himnos.»

«Ni los sabios ni los honestos desean el Mando, sustancia mundana.»

«–Nunca me gustaron los que hablan de la Divinidad como de cosa propia. Mi abuela, nada lerda, me repetía de niño: “Petulario, granico de oro, ven que te peine y haga la raya bien clara”. Después me ofrecía algún consejo o bendición como ésta: “Dios te libre de quienes pretendan representarlo”. La mujer acertaba.»

«Lo más insufrible de los verdugos son las parsimonias.»

«"El bufón y el retórico son formas del séquito que rodea todo Poder…” “Cuando el bufón despotrica, se llama chistoso, y cuando alaba, minoría selecta y gobernante…” “Puesto que la afición bufonesca es irremediable, estatúyase menester reseñado”. (De la Escritura)»

«Nos hallamos ante una expresión aparentemente mágica, en realidad carente de arcano. Afirma sencillamente que la Feliz Gobernación suple al talento, la diligencia, la cualidad, el discurso, la alegría, los pies y cuanto es Primera Cosa o Naturaleza. Por eso proclama filósofos necios, retóricos tartajosos, legisladores panochos, velocísimos paralíticos y demás etcéteras.»

«Tan contentos que pronto contagiaban tristeza.»

«Cada importante vióse rodeado de hasta veinte pimpollos, implacables dictadores de aprobaciones, topones de la lisonja y trotones de la incensada.»

«“Al indigente no fue dado decir: me cruzaré de brazos y renunciaré a pedir; tiene forzosamente que implorar y solicitar, por cuya causa la pobreza se convierte en la necesidad de realizar lo imposible: un instante de riqueza cada día”. (De las Obras de los Mendigos Filósofos)»

«“Este cascajo que contempláis, fue niño y conoció el amor de sus padres”. (De las Obras de los Mendigos Filósofos)»

«De la Arenga de Candelio a los becarios:
“Yo divido a los hombres en rebeldes y guiñosos; los primeros confían en sus obras, y los segundos, en muecas, ademanes, visajes, salutaciones y respetuosidades. Procurad no esperar de vuestras obras.
Yo divido a los hombres en rebeldes y convencionales; los primeros sienten la tentación de la verdad, y los segundos, de la colaboración. Procurad ser bien tentados.
Yo divido a los hombres en rebeldes y actualísimos; los primeros se inclinan ante los valores, y los segundos, ante la realidad. Procurad no separar ningún bien de la actualidad.
Yo divido a los hombres en rebeldes y comprometidos; los primeros, también denominados absortos, miran la tarde; y los segundos cooperan y participan; aquéllos son intemporales, y éstos, contemporáneos; los unos poseen destino, y los otros, porvenir. Procurad no resultar predestinados.
Yo divido a los hombres en rebeldes y premeditados; los primeros actúan por instintos, simpatías, intuiciones, inducciones o deducciones; los segundos por fines y conveniencias; los unos habitan el mundo, y los otros, lo detentan; para aquéllos se inventó la risa, y para éstos, la sonrisilla de boca fruncida. Procurad rechazar todo impulso originario”.»

«Los mandarines saben sacar del Pueblo el verdugo del Pueblo.»

«El aborrecimiento no puede ser razonado a ninguna hora, sino comunicado por contagio ético o estético. El juicio histórico, connotador de sucesos, es emocional, no científico; al narrar acontecimientos, los calificamos según nuestros sentimientos, no los mostramos puros, porque ellos, considerados en sí mismos, carecen de significación.»

«De “Sobre la Gobernación”:
“Un Mando reflexivo contradice su definición y se opone a lo real; la reflexión busca la verdad, la belleza y el bien; por el contrario, el Mando sólo quiere gozar y perdurar". (De “Sobre la Gobernación”)»

«"Los mandarines no inventaron el Poder, porque se les adelantó la Naturaleza, pero sí la decisión de poseerlo”. (De la Escritura)»

«–¡Qué bien! –replicó–. ¿A qué huele un hombre de mi posición y rango?
–A Feliz Gobernación en su estructura urbana, administrativa y económica: cohecho, malversación, arreglo, componenda, reparto, añagaza, contubernio, rapacidad, escamoteo, unto, quebranto y fraude.
–¡Vaya! ¿Gozo de otras excelencias? –preguntó.
–Pues claro, eminencia: eres la palabra sucia, la voz chillona, el tonto engolado, la antítesis de la modestia, la afrenta de la inocencia, la garganta metálica y el tercerón de los gustos gubernamentales.»

«“El destino de los puros consiste en el desengaño y la vuelta a comenzar”. (De “Sobre la corrupción”)»