martes, 12 de febrero de 2013

HOY ES MARTES

Hoy es martes, un martes donde el viento continúa con su azote inmisericorde. Pero como casi nunca existe una negrura completa en el Sur en materia meteorológica, resulta un agasajo para el ánimo el dulce y tibio sol de febrero, un sol que expande azules candorosos moteados de un blanco deslucido. Contemplo la nitidez del día a través de las ventanas, a salvo de la intemperie que despeina los buenos propósitos que me formulo para los días venideros. Como siempre, me pierdo en las palabras y los minutos se evaporan sin sentir. Pienso en el próximo jueves, día 14 de febrero, un día hermoso sin duda para concluir la gira de presentaciones de mi libro de relatos Linaje oscuro. Tendré la inmensa satisfacción de acudir a Valencia y allí, acompañada de la escritora y amiga Isabel Barceló Chico, juntarme con los amigos que puedan y quieran acercarse al BiblioCafé. 

Invitación a la presentación de Valencia que ha efectuado Isabel Barceló sobre la portada del libro

    Como es habitual cuando estoy en vísperas de una presentación, doy vueltas a lo qué diré, a los relatos que leeré, a... Intento anticiparme, pero es inútil, lo tengo comprobado, pues al final en cada sitio surgen las palabras adecuadas a la atmósfera que entre todos los asistentes construimos. En todos los lugares que he estado con este linaje viajero, lo he pasado muy bien, he aprendido y se me ha hecho corto el tiempo. Lo malo son los días previos, cuando los nervios consiguen que me asemeje a un rabo de lagartija y todas las aprensiones me cercan como sombras llenas de amenazas. Ya con la experiencia que he atesorado en estos tres últimos meses en Murcia, en Barcelona, en Albacete y en Madrid, aspiro a que no me embargue la zozobra previa, la que ahora mismo siento ahí, en el fondo de mi ser como un hueco que quisiera engullirme. Son inútiles los consuelos que me doy en un desdoblamiento teatral y sólo me alivia la sospecha de que saldrá todo de maravilla, como en las otras ocasiones. A esta sensación ambivalente es a la que deben referirse los actores cuando hablan de miedo escénico.

Hoy es martes, quizá un martes de invierno, me repito –cómplice– tras concluir la lectura del magnífico libro de poemas Quizá un martes de otoño, de Amando Carabias María. Aunque quizá –como indica el amigo poeta– «hoy voy a llegar tarde a mi cita con la vida», no me retrasaré el jueves

«para entrar en el mundo sin lamentos,

para subir a escena convencido

de no ser adjetivo prescindible.»

    Hoy es martes 

«Y el paso de la muerte
conoce su derrota»
...
«pues todavía es tiempo de la siembra,
y aún nos resta afán para las manos
y que le broten pétalos al labio»
Hoy es martes y de aquí al jueves me alterarán las aprensiones interiores
«porque después de siglos o milenios,
no existen palabras contra el desasosiego»
Hoy es martes, un martes de invierno donde me he perdido y hallado en los versos de Amando, un martes que también anticipa el gozo de lo que ocurrirá el jueves en Valencia.