miércoles, 16 de diciembre de 2009

ITALO CALVINO Y EL PRESENTE

Fotografía de Isabel Martínez

Desde hace unos días, arrastro aturdimiento por un sobre-estímulo que no cesa. Se trata de un mareo dulce, de un vaivén apacible, de un trote afectuoso. No voy a decir que me disguste, porque mentiría, pero sí que pido a los ángeles tutelares de las palabras que me den calma para manejar el timón de la barca con atención plena. Sé que vivimos en un mundo acelerado y sé que quien no corre, vuela. Soy de degustaciones sosegadas y de cariños atizados al amor de la lumbre. Intento adaptarme a estos nuevos modos de vida y, en mi mente, aparece una y otra vez Italo Calvino y sus propuestas para el milenio que ya transitamos.

Italo me conquistó hace muchos años con tres títulos donde daba suelta a «la loca de la casa». No sé si recordaréis El barón rampanteEl caballero inexistente y El vizconde demediado. Qué lecturas más deliciosas y divertidas tienen. Títulos que beben del manantial del Quijote y del entretenimiento de Rabelais.

Estos días me acuerdo de Italo Calvino. No me vienen a la memoria sus obras de ficción, sino aquellas conferencias que impartió sobre la literatura venidera. Pienso en sus propuestas, observo la red, leo en los blogs. ¡Ya estamos en ello, Italo!

Acudo al cuidado libro en que la editorial Siruela publicó las reflexiones del literato. Creyó en el futuro de la literatura, porque sabía que el medio de expresión podía cambiar, pero que existían cosas que sólo la literatura era capaz de nombrar. «Es cierto que el software no podría ejercitar los poderes de su levedad sin la pesadez del hardware, pero el software es el que manda».

Hemos cambiado la hoja de papel por la pantalla del ordenador, como en su día se pasó del pergamino al papel y de los monjes a la sociedad civil. Hemos aprendido la levedad y la condensación. Hemos democratizado el sendero de las palabras. ¡Bendito sea el futuro-presente!

Intentaré apresurarme sin perder los hilos ni faltar al rigor. Todo un reto por delante, toda una aventura maravillosa en la que me apetece sumergirme.