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miércoles, 3 de octubre de 2018

HASTA SIEMPRE

El Eclesiastés lo indicó: «Todo tiene su tiempo». Y creo que ya ha llegado el tiempo de hacer la presente entrada.
Hoy me decido a ponerle fin a esta aventura que ha durado casi nueve años, desde el 9 de noviembre de 2009 hasta este mismo día. Ha sido difícil ser consciente de que tocaba la hora del cierre, aun cuando cada vez costaba más hacer una nueva entrada. Y es que todo tiene un principio y un fin, un antes y un después. Fue hermoso mientras duró.
Gracias a todos los que, de una manera u otra, me habéis acompañado en esta travesía. Nos vemos en las letras. Hasta siempre.

domingo, 20 de noviembre de 2016

DÍAS DE OTOÑO


En este otoño, todo va deprisa en mi vida. El tiempo transcurre sin que sea consciente de su paso. Se me van los días en miles de tareas necesarias, ineludibles. Añoro otros otoños donde solía cobijarme al calor de una mesa camilla con un buen libro a la caída de la tarde. Una estación intimista, donde se descubre el placer de estar en casa, lo reconfortante que resulta una sopa o una crema, la nostalgia que anida en los escondites del corazón. Una estación que demanda lápiz y papel para apresar un pensamiento o dar fe de sensaciones. Una estación que siempre me ha gustado.


También me gusta el otoño de este año, más movido y exterior, pero apasionante sin ninguna duda. Son pocos los ratos en el hogar y muchos los que estoy fuera de él por diversas circunstancias, entre ellas una que me llena de gozo: los actos que he tenido de acercamiento a los lectores con mi novela Aroma de vainilla. Pasó la presentación de la misma en Cartagena y mañana se cumplirá una semana de la de Murcia. Unos días antes de esta última tuve el alegrón de ser entrevistada por el periódico La Verdad de Murcia y de que esta entrevista saliera publicada en sus páginas el doce de noviembre. Aquí os dejo un enlace a la edición digital, donde se lee cómodamente la entrevista.


La presentación del día catorce en El Corte Inglés de Murcia fue amena, dinámica, divertida y participativa. Todos lo pasamos bien y creo que eso se nota en unas cuantas fotos que dejo a continuación. Me acompañó en la mesa Jesús Juárez, un amigo de toda la vida, lector voraz y médico de profesión. Su simpatía irradió desde el primer momento y consiguió crear un clima cómplice donde todos nos sentimos muy a gusto. 











Un rato de lo más agradable que guardaré en mi memoria para siempre. Ahora toca volver a la escritura, centrarse en la vida apasionante de la imaginación, barajar las múltiples posibilidades de la lengua. El despacho me llama. Varios proyectos, unos más avanzados que otros, me burbujean dentro, me exigen que me entregue a ellos en cuerpo y alma. 

viernes, 18 de diciembre de 2015

HASTA EL 2016

Os deseo a todos (no diré lo de «todos y todas», vulgarismo político demasiado extendido que atenta contra la economía del lenguaje y contra el lenguaje mismo, una hipercorrección absurda a efectos de que no se tilde de machista al hablante o escribiente) unas felices fiestas navideñas y un feliz y próspero 2016.
      Regreso en el nuevo año, ese que está a la vuelta de la esquina. El Cobijo va a cambiar. Estoy llena de proyectos con respecto a él. Adelanto que será más libre, espontáneo e incisivo. No en balde ya es mayor de edad y exige autonomía.
       Lo dicho: pasadlo muy bien, sed felices.   

miércoles, 3 de septiembre de 2014

CALOR, LITERATURA Y APUNTES VARIOS

Se acabó el recreo, terminó el barbecho. Me asomo tímidamente por la ventana amarilla y cálida de este Cobijo adormilado, vencido por la canícula inclemente, por la voracidad de un sol que no cesa, por la pesadez de un aire estancado en las esquinas quietas del estío. En mi tierra, el verano se dilata más allá de los extremos soportables por una paciencia franciscana. En este pequeño lugar del orbe, nos freímos prácticamente durante cuatro meses al año. Y no llueve, no llueve casi nunca, no llueve desde hace mucho...
He estado alejada del blog, pero no de la escritura, esa pasión sin la cual no concibo mis días.
En estos meses de ausencia, he gozado de diversos reconocimientos hacia mis libros publicados que me han colmado de gozo. Como siempre, seré agradecida (sin que me cueste ningún esfuerzo) y dejaré constancia en este Cobijo de las personas, instituciones y lugares que han difundido mi obra de manera generosa.

Con respecto al libro de relatos Linaje oscuro, tuve la suerte de que fuera mencionado en julio por la Biblioteca Esteve Paluzie, de Barberà del Vallès, Barcelona. Esta biblioteca, o Microbiblioteca, es un paraíso para los escritores de narraciones muy breves y su rigor y calidad están más que demostrados. Además, transcribieron dos relatos breves para mi alegría. Aquí dejo el enlace para quien le pueda interesar.
Y en estos días, un blog cuidadísimo y muy interesante, llamado Documenta Minima, se ha hecho eco de Linaje oscuro y ha transcrito uno de sus microrrelatos. Aquí está el enlace.

También la novela Aroma de vainilla me esta dando este verano grandes satisfacciones. Poco a poco, gana más y más lectores. En general, gusta mucho o, al menos, eso me transmiten. No diré más, que soy la autora y me da cierta vergüenza, pero sí dejaré los siguientes enlaces relacionados con la novela:

Bueno, pues roto el hielo inicial tras la larga ausencia, contaré también que este verano se han corregido las galeradas de mi próximo poemario y que muy pronto saldrá al mercado, ya que para octubre está previsto su alumbramiento. Pronto podré mostrar las cubiertas... Es emocionante, como traer un hijo al mundo.

Abrazos para todos y aquí espero estar de una forma asidua, conforme permitan las circunstancias, aunque sin sujeciones, con la libertad imperando, como siempre. 

jueves, 9 de enero de 2014

PARÍS, SIEMPRE PARÍS

Detalle escultórico en el puente de Alejandro III, París
(Fotografía de Isabel Martínez Barquero)

París es sin duda una de las ciudades más hermosas del planeta. Goza de eso que los franceses llaman charme, así como de una larga tradición artística y literaria. Es una urbe inmensa, seguramente incómoda para vivir en ella si no se está forrado; pero resulta deliciosa para los visitantes ávidos de belleza.

La primera alegría de este año recién nacido ha venido con ecos parisinos. En el número 3 de la revista Acantilados de Papel, junto a buenos amigos, participo con una reseña sobre el libro titulado París, publicado en 2012 por MAR Editor, en el que tengo el orgullo de tener incluido un relato de mi autoría (Eliane). La revista, íntegra en este número 3, está dedicada a la ciudad del Sena. En ella se pueden leer poemas, relatos y artículos relacionados con París. Es digital, de descarga gratuita y proporciona un buen rato de amena lectura. Os dejo aquí el enlace para que podáis leerla en línea o descargarla en vuestro ordenador.
Los días iniciales de enero siempre están cuajados de promesas, de esperanzas aún no rotas, de expectativas y fe en nuestra posibilidades, de voluntades encauzadas a conseguir el sol, la luna y las estrellas. En mi caso, como estoy hecha del mismo barro humano y me niego a la inacción, ando metida en varios proyectos y apenas me queda tiempo libre. Ya llevo así meses: muy embebida y concentrada. Y en este estado pretendo perseverar, pues es de mi gusto que la cabeza me bulla y los dedos me echen chispas. Como indica Eloy Tizón en uno de los relatos de ese magnífico libro titulado Técnicas de iluminación: «Uno solo puede hacer algo bien obsesionándose con ello» Y es que «(...) escribir (...) es estar más despierto de lo normal. Un espasmo de lucidez recorre todo, nos sacude el sistema nervioso con una sobrecarga de vitalidad, de plenitud, de audacia, de algún modo hay que canalizar toda esa energía dispersa y un tanto alucinógena que desborda la conciencia. De la euforia molecular hasta el folio».

Si no se me tuerce nada por lo complicado que me está resultando, pretendo sacar en papel las obras que tengo en Amazon. De momento, ando liada con la novela Aroma de vainilla, a ver si a lo largo de enero consigo que esté en el mercado. Trabajo duro para que así sea.
Aparte, acabo de concluir un nuevo libro de relatos que está en el reposo preceptivo y he iniciado una nueva novela.
En conclusión: me falta tiempo, necesito días de cincuenta horas y cuerpo de héroe que resista sin apenas dormir.
Lógicamente, toda esta actividad me ha llevado a efectuar los oportunos reajustes de tiempo y, en los mismos, es el blog el que va a ceder una buena parte. No es necesario publicar aquí muy a menudo; basta con hacerlo de vez en cuando, de forma espaciada y siempre que apetezca. Existe ya un buen fondo de armario en este Cobijo y, además, están mis libros para quien los quiera leer, por lo que no me es prioritario un ritmo regular de entradas. Quien desee encontrarme, sabe dónde hacerlo: tanto cuando inicié esta página como ahora estoy en mis escritos. Por lo que se refiere a los amigos de este medio virtual, ya los considero de confianza absoluta, así que, como en la vida real, no es preciso visitarse continuamente: basta con saber que se está ahí, apoyando y aupando, presente cuando las circunstancias lo aconsejen. 
Detalle escultórico en el puente de Alejandro III, París
(Fotografía de Isabel Martínez Barquero)

Por cierto, y hablando de este Cobijo, a punto he estado de cambiarle el nombre, de quitarle la palabra "desalmada" que tantas chanzas provoca y ha provocado. Iba a titularlo El cobijo de Isabel Martínez Barquero; pero en el último momento me he frenado, pues bien sé yo que es mi cobijo particular y se abrió para acoger mi desalmamiento de entonces o falta de tiempo para escribir, hoy cada día más inexistente por fortuna, que ando más almada y armada, aunque más desperrada (pero no me quejaré de las consecuencias de la conquista de tiempo, que sarna con gusto, no pica). No obstante lo dicho anteriormente, me he acostumbrado a este título que más tira para atrás que atrae y me veo incapaz de jubilarlo, pues le he cogido apego. Por otra parte, quien llega a las orillas de esta página a pesar de su nombre, lo intuyo libre de prejuicios, valiente, paradójico, no seguidor de las meras apariencias... No cualquiera se adentra en territorios de desalmados si es un ñoño o flojo de carácter.

Detalle escultórico en el puente de Alejandro III, París
(Fotografía de Isabel Martínez Barquero) 

Sin más por hoy, abrazos de esta que fue desalmada y cada vez lo es menos.
Detalle escultórico en el puente de Alejandro III, París
(Fotografía de Isabel Martínez Barquero)


miércoles, 10 de julio de 2013

BUENAS, ¿SE PUEDE?

Aquí estoy, descansada, llena de proyectos e ilusiones nuevas. Aunque los blogs se estén muriendo, me cuesta estar apartada de este Cobijo que tantas alegrías me ha dado, así que regreso con mis ideas en orden, decidida a no caer más en la estúpida trampa del bloguerío cortés e insustancial, alocado y figurón. Me centraré en mis intereses inmediatos, ya que el refrán lo avala: «La caridad bien entendida empieza por uno mismo». Escribiré en esta página virtual cuando me apetezca y visitaré los blogs que decida en un momento dado, al margen de balanzas que imponen pesos sobrehumanos a quienes tenemos un número considerable de seguidores y comentaristas. Con idéntico criterio, comentaré o no comentaré, pues no siempre se está en disposición de emitir un juicio, por breve que sea, lo que no obsta para que nos interesemos en la lectura. Se acabaron las obligaciones, amigos. El blog ha de ser esparcimiento y puesta en común, no una carga inaguantable. Habrá temporadas que esté más activa; otras, menos... Siempre el Cobijo a mi servicio y no yo al suyo. Me da igual perder seguidores o comentaristas, pues a quien le interese lo que escribo arribará a esta orilla cuando pueda y comentará cuando le venga en gana. No atenderé a devoluciones de visitas, sino que iré a donde me apetezca y cuando me plazca, como espero que hagáis vosotros conmigo, que la libertad debe ser la guía de nuestro comportamiento, así como la cultura y la diversión deben presidir las aspiraciones de nuestro ocio.
En esta entrada de retorno, me gustaría saber vuestra opinión sobre estas dos imágenes que os dejo: cuál os gusta más. Llevo semanas con la idea de cambiar la portada de Aroma de vainilla, esa que podéis contemplar en la columna derecha de este blog, y que ya no me agrada por varios motivos: el aspecto de bodegón culinario que puede inducir a error sobre el contenido de la novela y su forma apaisada, no demasiado apta para ser la portada de un libro. El caso es que he escogido dos cuadros como posibles portadas, ambos del mismo autor: Renoir. Les he colocado las letras y aquí os dejo el resultado a ver qué os parece, que a mí me cuesta decidirme entre ambas, así que estaré muy atenta a vuestra opción. La primera se basa en el cuadro En la terraza y la segunda, en el cuadro Confidencias. Ojalá que con este cambio, cambie también la suerte de Aroma de vainilla y consiga ser una novela más leída. Hasta ahora, quienes han entrado en sus páginas, les gusta y así me lo comentan en privado; incluso, algunas personas han hecho reseñas estupendas en sus blogs (se pueden ver en «Reseñas y menciones de mis libros»), por lo que les estoy muy agradecida. Lo que cuesta mucho es que me comenten en Amazon y, claro, de esa manera, con lectores que ni puntúan ni comentan, me vuelvo absolutamente invisible en esa plataforma descomunal. Pero no me quejo ni pediré a nadie que haga lo que no le apetezca. Quizá las cosas han de ser así, quizá. Entiendo que la lectura digital es novedosa y la participación activa en su valoración también. Lo que me cuesta comprender es la causa de que se me comente tanto en privado y no se diga nada allí, cuando la auténtica ayuda la obtengo de los comentarios públicos. Pero repito: que cada uno haga lo que le plazca; no soy persona de exigencias hacia los demás, lo mismo que no me gusta que me las impongan a mí. Asumo, y he asumido siempre, la dificultad de abrirse camino en el mundo literario.
Deseo que estéis pasando un buen verano no obstante las tontadas y sinvergonzonerías de nuestros políticos. Gracias de antemano por opinar sobre el asunto de las portadas, a las que les pongo dos números: el 1 y el 2, para que así os sea más fácil de indicar vuestra opción.
Abrazos para todos.

 Portada 1
Portada 2

viernes, 31 de mayo de 2013

HASTA PRONTO

De vez en cuando, supongo que para bien, conviene pararse y meditar sobre nuestra propia conducta, nuestra trayectoria, nuestro contento, nuestro grado de satisfacción con lo que hacemos a diario y un sinfín más de cuestiones que nos arrojan el termómetro de nuestro estado anímico y la escala insoslayable de nuestro propio aprecio. 
También es muy conveniente quebrar la rutina de los días cada poco, hacer otras cosas, torcer el rumbo, liberar las alas y descubrir otras realidades que nos esperan a la vuelta de cualquier esquina.
No me andaré por las ramas en esta entrada que pretende ser un punto y aparte en este Cobijo. Estoy cansada y me voy a dar un buen descanso. Necesito viajar, necesito silencio, necesito leer a fondo, necesito escribir largo y tendido, como he escrito toda mi vida sin existir un blog al que hubiera que echarle de comer cada poco como si se tratara de uno de aquellos muñecos japoneses llamados tamagotchis (si no me falla la memoria). Este particular tamagotchi es demasiado absorbente y ahora mis ansias me piden que me aleje de su lado para tantear otros aires. No me gustaría que se muriera como aquellos muñecos espantosos que potenciaban una responsabilidad cuyo esqueleto era la culpa, cuando no la angustia. Pero ocurrirá lo que haya de ocurrir y no me imbuiré de las culpabilidades que odio y que no consiguen más que asfixiar todo movimiento espontáneo y libre. Los blogs están en decadencia, y lo están precisamente porque se parecen a los tamagotchis, porque absorben demasiado y lo que en un principio es sólo un juego, pronto se convierte en una agonía culpable por no llegar a tanto.
Ni qué decir tiene que no dejaré de escribir. Yo no escribo porque tenga un blog, sino que tengo un blog porque escribo. No soy una bloggera (una palabra que siempre me ha parecido horrible), no me siento tal más allá de haber administrado este blog durante tres años y medio. He concebido, y concibo, el blog como un instrumento a mi servicio, pues es muy útil como escaparate para quienes escribimos. En él, se deja una muestra de escritura y se ruega a los duendes de la suerte para que llegue hasta los ojos adecuados. 
He vivido todo tipo de experiencias a lo largo de este tiempo, un buen número agradables, de esas que deparan grandes satisfacciones y el conocimiento de personas magníficas. También he sufrido con situaciones muy feas, donde me he visto plagiada con descaro, mal interpretada o confundida con la persona que no soy. 
No niego que mi tendencia al silencio mediático se hace cada vez más fuerte y ya me resulta casi imperativa. De momento, salgo de viaje. Después, supongo que estaré por las redes sociales donde me manejo con una mínima soltura, como Facebook o Twitter, y estaré en ellas como hasta ahora lo he estado: de vez en cuando y por poco tiempo, que ya son muchos los reclamos y mi tiempo no estira como el chicle. 
No digo adiós, sólo hasta pronto, quizá hasta dentro de un mes, quizá hasta después del verano. Si por casualidad alguno de vosotros echa en falta leerme, siempre tiene la opción de repasar lo que en este Cobijo queda, así como acudir a una nueva página abierta en estos días: el «Sillón de lectura», donde he metido el inicio de las obras que tengo publicadas. Ni que decir tiene que si el interés es mayúsculo, también podéis leer las obras completas, lo que supondría el colmo de las satisfacciones para mí. No olvidemos que lo que pretende cualquier persona que escribe es ser leído; si encima gusta, miel sobre hojuelas.
Muchas gracias a todos los que me leéis y, en especial, a todas esas personas que ya se me han hecho insustituibles en el paisaje del corazón.
Hasta pronto, amigos.
Las dos fotografías de esta entrada han sido realizadas por Isabel Martínez Barquero

jueves, 21 de febrero de 2013

VUELTA A LA NORMALIDAD

En el verano, de Leopold Karl Walter Graf von Kalcreuth

Pasó el martes, el miércoles y el jueves, el jueves de hace una semana, un día esplendoroso donde el sol acompañó durante el viaje y donde la calidez de los amigos de Valencia arropó el espíritu. Hace ya una semana, sí, y parece que fue ayer, quizá porque el tiempo no lo medimos internamente igual según las circunstancias en las que nos desenvolvemos. Y es que llevo un buen número de días luchando con unos vídeos que se me resisten. Al final, no he ganado la batalla, por mucho que he guerreado, y es que la técnica y yo debemos andar reñidas. Es más: he decidido no volver a intentar nunca sacar vídeos propios. Cada uno tiene sus gracias y virtudes y entre las mías no se halla la de defenderme con el formato de la imagen en movimiento, por mucha dedicación que ponga y mucho estudio que le dedique. Conviene darse por vencido cuando no se consiguen resultados aceptables en un área determinada. El mundo está lleno de materias atrayentes y no debemos desgastar la voluntad en aquellas que nos pegan bocados salvajes en la ilusión cotidiana. Con lo dicho, queda claro que jamás me tentará moverme con una cámara y sus resultados. Esto es algo que sospechaba con bastante fundamento, pero que ahora elevo a la categoría de principio propio y me aplico el refrán que dice: «Zapatero a tus zapatos». Entenderéis lo que cuento si miráis el vídeo que cuelgo en esta entrada, el primero de cinco –todos están metidos en el apartado «Vídeos» de la parte superior de este blog–. Al menos, se escucha bien, que ya es algo.
He concluido con la gira, con la ronda de presentaciones de Linaje oscuro y, ahora, tras esta fase extrovertida y externa, me apetece volver a retomar mis costumbres de ermitaña, esas que me llevan a encerrarme en el despacho. Necesito volver a sembrar, a sentirme pletórica dándole al teclado. Poco a poco, que la literatura no es materia emparentada con el arrebato, he de internarme de nuevo en sus amados cauces amparadores.
No me olvido de este blog ni de tantos amigos que hasta su orilla se acercan. Seguiremos juntos, cada uno a nuestro aire y a nuestro ritmo, pero juntos. Aunque observo que en los últimos tiempos los blogs están en decadencia, quizá por esos competidores tan vivos e instantáneos que son las redes sociales, el blog es un reducto de escritura, de pausa lectora, de acercamiento cómplice. Por esas virtudes merece la pena mantenerlo, adaptarlo a nuestro hacer y siempre a nuestra propia disponibilidad, que no es la misma cada día, bien lo sabemos todos. Jamás paso lista y espero que jamás me la paséis a mí, que ya somos todos muy mayores y cada cual sabe las posibilidades e imposibilidades de su día a día. Seamos felices y que una diversión nunca se convierta en una carga.

Ahora mismo, ya bien entrada la noche de este jueves de febrero, acabo de llevarme una gran alegría: la reseña que realiza Amando Carabias de Linaje oscuro en la prestigiosa revista ALENARTE. Estoy contentísima. Gracias, Amando.

jueves, 20 de septiembre de 2012

UNA HISTORIA COMO CUALQUIER OTRA

 Nací en el seno de una familia de clase media, donde no faltaba el pan pero tampoco sobraba para caprichos. Fui la segunda de tres hermanos y me crié como tantos otros chiquillos de aquella época, de los que apenas me distinguía más allá de una cierta inclinación a inventar historias, sobre todo cuando me castigaban mi abuela o mi madre en el cuarto oscuro por cualquier travesura propia de la edad. La fantasía se convirtió pronto en mi amiga más frecuentada, pues a su lado me sentía segura y me aislaba de un mundo que no alcanzaba a comprender.

Crecí con esa propensión a evadirme y con el auxilio innegable de los libros, el mejor lugar para escaparse de las rutinas que tanto me fastidiaban. Pronto, muy pronto, mi recuerdo fija a una chiquilla pegada a papeles y lápices, así como a una máquina de escribir de mi padre, una Olivetti roja, que aporreaba con mis dos pequeños índices. El objeto de tanta aplicación no era otro que el contarme historias a mí misma cuando se me terminaba la lectura, lo cual ocurría pronto, pues un libro que no fuera de texto no estaba entre las prioridades de las familias, que los adquirían por santos, cumpleaños y Reyes.
Entre poemas malísimos, cuentos peores y dramas insufribles, todos escritos por auténtica necesidad, pasé mi infancia y adolescencia. Jamás supuse que aquella exigencia insoslayable de escribir cualquier cosa que se me pasara por la cabeza iba a ser el horizonte de mi vida y el tirano de mi existencia. Eran muchas las reprensiones que sufría de los allegados acerca de la inutilidad de la escritura y la conveniencia de encauzar mis sueños por las materias que permiten ganarse el pan cotidiano de forma convencional.
Por motivos familiares que no vienen al caso, no estudié la carrera que hubiera deseado, sino Derecho, sin duda un comodín para el futuro, ya que me permitiría conseguir un buen trabajo. Mientras la cursaba, entré en contacto con otros jóvenes amantes de las letras, porque la escritura jamás desapareció de mi existencia y a ella dedicaba horas que le sisaba al sueño. Publiqué poemas en revistas locales e, incluso, en una nacional de mucho nombre en aquellos tiempos. Por esta última publicación, sufrí acusaciones injustas de quienes hasta entonces consideraba mis amigos, pues suponían que me había ido a Madrid a vender mis encantos de jovencita a cambio de la gloria. Semejante agravio me llevó a un desencanto total, sólo roto por la frecuentación de un hombre bueno que me enseñó cómo se debe estar en el mundo literario: lo más al margen posible, pues se lidia con las vanidades y estas son espadas mortíferas. Dicho mentor fue Miguel Espinosa Gironés, de quien siempre me acuerdo y por el que regaño a la muerte por llevárselo tan joven.
Huérfana, dolida y escarmentada, me dediqué al mundo del Derecho, la ocupación externa y visible que me ha mantenido hasta principios de 2010 y me ha llevado a residir en diversas ciudades españolas. Pero los ríos invisibles de mi existencia se han desarrollado siempre en la escritura: afición, vocación, pasión, delirio, querencia que no me ha abandonado nunca. Le quitaba al sueño horas por escribir, aunque no tuvieran destinatario mis letras. No he podido nunca estar separada de la escritura y, cuando lo he intentado, casi enfermo.
Asumí mi destino de escritora oculta. No me importaba con tal de escribir, pues amo la escritura en sí misma considerada, no el boato externo con que algunos la acompañan. En ocasiones, fantaseaba con la trascendencia pública, pero sus vasallajes y la maledicencia de los espíritus envidiosos me mantenían encerrada en mi concha. No deseaba repetir la historia de mi juventud. No iba a consentir suposiciones indignas sobre mi persona.
Aunque en el campo jurídico trabajaba durante largas y agotadoras jornadas, conseguí escribir miles de poemas, decenas de relatos y dos novelas. El armario de carpetas crecía y crecía, lo que también multiplicaba mi actividad correctora continua con respecto a lo ya escrito. En ocasiones, me preguntaba sobre lo que hubiera sido de mi vida si hubiera luchado por mi escritura, porque era evidente que no podía dejar de escribir para mantener mi equilibrio como persona. Muchas veces me sentía un ser extraño, desalmado en el trajín de los días, pues no se hallaba mi alma en la pulcritud profesional con la que desarrollaba mis tareas, sino en la faceta que escondía en mi despacho de casa.
El malestar crecía en mi interior conforme pasaban los años, pero me sentía incapaz de atajarlo. Me parecía una completa irresponsabilidad abandonar el trabajo que me había mantenido con decoro durante toda mi vida. Esas cosas no las hacía nadie prudente. Estaba cansada de dedicarme al Derecho, que me gustaba, sí, pero no me apasionaba como la escritura. Sólo deseaba escribir a todas horas, abrir la puerta al torrente que me ha dominado durante toda mi vida. Por pura casualidad, comencé con este blog y en él encontré personas que me animaron en mis deseos incontenibles y me dieron la fe de la que carecía por tanto silencio. Empecé a pensar que, tal vez, podía intentar la aventura: la de no ser escritora en silencio, sino, también, de cara al exterior.
Como en ocasiones todo conspira para que alcancemos el destino que se nos ha reservado, mi falta de valentía la atajó la crisis económica. La misma me llevó al paro en febrero de 2010. Con la edad que ya tenía y la penosa situación del país, pocas expectativas de trabajo se me desplegaban. Volver a colegiarme para el ejercicio de la abogacía tras tantos años sin ejercer y tantos gastos previsibles que implica dicha dedicación, no era el horizonte que deseaba. Extraña pero contenta, me volqué de lleno en la escritura.
Acostumbrada como estoy a trabajar muchísimo desde siempre, he corregido escritos antiguos y he concluido nuevos poemas, relatos y una tercera novela. Y he atendido este blog como mejor sé, este blog que es para mí un instrumento más de lucha, como tantas veces he señalado en él. No me meto con nadie cuando reflexiono o expongo mis motivos, aprensiones, manías y demás; sólo reafirmo mi querencia literaria, que no me impide encariñarme con cualquiera, se dedique o no a la literatura.
En estos momentos, la cuestión es salir al exterior, pues ya se han reconciliado las dos facetas de mi existencia –la interna y la externa– y no estoy segmentada, sino que soy unívoca. He empezado tarde a luchar por mi escritura, que no a escribir, pues lo hago desde siempre en el silencio. Me preocupan muy poco las lenguas afiladas y los ojos envidiosos que se dan en este retorcido mundo de las letras donde se capea con la inmortalidad y, modernamente, con las cifras comerciales. Ya no soy la jovencita a la que se le hace daño fácilmente y se la manda de una patada al cuarto oscuro. No, ya no me resigno, y he encontrado el equilibrio en mi persona y en la vida, aunque sea más pobre que las ratas. Ahora sé lo que quiero y voy a luchar por conseguirlo, no por ambición, sino por amor, el amor que me debo a mí misma, a los que me rodean y a la materia que me ha alegrado siempre: la literatura.

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Hoy, día 21 de septiembre, el pintor Andrés Rueda saca dos poemas míos acompañando a dos magníficos cuadros de su autoría. Aquí os dejo el enlace por si os apetece visitar su blog.

sábado, 1 de septiembre de 2012

DE VUELTA


Tengo a la jefa totalmente despistada. Por más que le chillo que ya es hora de que se acuerde de mí, ni caso. Me mira con ojos benevolentes y me responde lo mismo minuto tras minuto:
–Aguanta un poco, Cobijo, que estoy muy concentrada en mis cosas.
Es cierto que no para un segundo. Entre meditar los medios para salir adelante en el difícil mundo de las letras, estudiar estrategias para emerger indemne del sadismo financiero que se ha puesto de moda, leer todo lo que lleva atrasado y escribir largo y tendido, he llegado a la conclusión de que o tomo yo cartas en este asunto o me deja tirado como a un mal novio. Así que le he propuesto que me dejara hacer a mí, que tengo mis ideas y no la voy a dejar en mal lugar. Además, ya estamos a uno de septiembre y debe ser fiel a su palabra de retorno.
–¡Qué impaciencia! Haz lo que te venga en gana, que libre eres, pero quiero que sepas que estoy estudiando tu viabilidad con mi vida.
–¿Acaso piensas matarme y enviarme al limbo? –le pregunto con el terror impreso en todos y cada uno de mis pliegues virtuales.
–No digas tonterías, hombre. Te he cogido afecto, que son muchas las horas que he pasado a tu lado. Lo que ocurre es que el tiempo no se multiplica y has de pasar a un segundo plano, tener menos ansias de protagonismo.
–¡Vaya, y eso que soy tu cobijo!
–No te amohínes. Es normal lo que te digo. Lo anormal es tu tendencia expansiva, que me has salido muy sociable y debes comprender que no siempre dispongo de tiempo para llevarte de paseo a todos esos sitios que tanto nos gustan a ambos. Podremos acudir de vez en cuando, comentar si nos lo pide el cuerpo o pulsar el botón nuevo de Google que indica que nos ha gustado la lectura. Porque lo fundamental es eso: leer, pero leer con los cinco sentidos, no para dejar la impronta de nuestra huella, como el trámite de un paseo alocado para dar cumplimiento a una cortesía mal entendida, que en este mundo virtual hay mucha reverencia engañosa. Incluso, es probable que seamos más egoístas y edifiquemos más la propia casa que la ajena.
Agacho la cabeza y medito. Ha sido sincera, pero sé que no me ha dicho toda la verdad, que se reserva pensamientos y que me prepara sorpresas futuras. Últimamente, está algo mareada con tanta técnica: cualquier aplicación o artefacto exige estudio y hasta lo que, más o menos, domina, cambia de un segundo a otro. Sabe que alguien que escribe en nuestros días debe estar pendiente de muchos ámbitos técnicos distintos. Entre redes sociales, blogs, correos electrónicos y demás avances que tanto conectan y desconectan a los humanos, seguro que a ella le ha dado por pensar que no puede invertir todo su tiempo en ser una experta informática, una exhibicionista permanente o una frívola que se pasa el día de una pantalla para otra, que es tozuda y persevera en escribir, algo que siempre ha hecho en un alejamiento del mundo casi monacal.
Recuerdo sus palabras cuando le expuse mis protestas por abandonarme durante el mes de agosto:
–Hay épocas, amigo. Ahora estamos en verano y el calor distiende las costumbres, así que no te pongas serio. Relájate y disfruta. Quien más, quien menos, se sale de sus rutinas.
La miré sin ser capaz de espetarle una buena contestación. La conozco de sobra y sé que siempre maquina sobre mí. Ya la había pillado unos días antes en una conversación donde señalaba que cada vez tenía más claro que yo debía ser muy escueto, que el medio donde habito es la ley que impone, que la auténtica lectura se produce al margen de mis luminosos carriles amarillos, que la literatura discurre en las extensiones desérticas donde siempre se han movido los espíritus valientes.
–Además, eres un presumido que no consientes salir sin foto o pintura. Y estoy pensando en edificarte sólo con palabras.
–Yo te busco la foto si me das permiso.
–Allá tú, pero que sea fresquita y liviana.
–¿Me dejarás hacer la entrada?
–Ni lo sueñes.
Contento con su autorización parcial, rastreé en sus archivos de imágenes y saqué un mar azul de esos que la serenan tanto. Aunque tuve mis dudas sobre la bondad de mi elección, pues lo mismo le daba por escaparse a cualquier playa cercana ante su vista. Pero no se fue de playas, ni se escabulló más de lo prudente, pues sólo anduvo unos pocos días perdida por tierras de pinares con ecos literarios; el resto del tiempo lo pasó, como aún lo pasa, entre lecturas, escrituras y el intento de aclararse para publicar un ebook, que se le ha metido en la sesera publicar su primera novela, una que escribió cuando era aún muy joven. No sé si lo conseguirá, pues se le resiste algún aspecto formal, pero seguro que sí, que ella es vergonzosa para decirlo, pero yo no: necesita un impulso y, también, sentir que genera algún ingreso, aunque sean unos eurillos, que la crisis no la ha perdonado, como a tantos.
Sea lo que sea lo que haga de mí, aquí queda constancia de mis buenas intenciones y de su mala cabeza. Quizá me llene de micros, quizá me zambulla en la lírica, quizá me haga un cronista de esta sociedad que ya sólo se expresa en términos económicos y está regida por el miedo, quizá me llene de citas, quizá me use a modo de diario, quizá se atreva a expresar sus opiniones de una vez por todas... La desalmada es imprevisible, como me ha hecho ser a mí mismo. Ya se sabe que los humanos son unos seres peculiares en el mundo. El hecho de que sean muchos no nimba de normalidad su exotismo, ese que les impulsa a reflexionar sobre sus propios actos y sus más íntimos pensamientos.
Deseo que todos mis colegas estén pasando un magnífico verano, dentro de lo que nos dejan las sádicas noticias que sufrimos rutinariamente. Hemos de recuperar la sonrisa frente a la pretensión de establecer el miedo como moneda de cambio y paisaje habitual de nuestros días. No sé cómo, pero hay que apostar por la esperanza. No queda más remedio.
Abrazos virtuales para todos.


Fotografías de Isabel Martínez Barquero (Pinares de Soria)

lunes, 30 de julio de 2012

VERANO

Fotografía de Isabel Martínez Barquero

       Desde que tengo memoria, he escuchado que hay que tomarse un respiro en verano, que el verano es época de relajación, tiempo para distanciarse de las tareas que solemos hacer de manera habitual, momento para recargar las baterías que nos mantendrán fuertes y alimentados durante todo el año. Se trata de romper con las costumbres cotidianas para que nuestro interior se reponga en la ausencia de rutinas y en la falta de obligaciones inaplazables, casi como si nos diéramos permiso para volver al niño o niña que fuimos.
En verano, hay más luz, y la luminosidad nos llama hacia los espacios exteriores para que la gocemos sin ventanas intermedias. 
En verano, el aire de la noche es un imán difícil de resistir.
En verano, el mar tienta más que nunca y apetece sentirlo en la piel con toda su carga reparadora.
En verano, se incrementan las ganas de estar con los amigos.
En verano, se atienden los pequeños trabajos caseros que se han acumulado a lo largo de los meses.
En verano, se hacen trayectos cortos en busca de la belleza o la aventura, sea la de un paraje o la de un libro.
En verano, dejamos que la mente se pierda en siestas y en ensoñaciones que la fortificarán.
En verano, las temperaturas suben en el termómetro y huimos de los focos cálidos por puro instinto, como lo es un ordenador.
Por todo lo expuesto, porque es verano y las cigarras tañen su recordatorio, me despido de todos hasta septiembre, donde espero volver renovada.