jueves, 15 de octubre de 2015

ÉXITO, AMAZON Y OTROS MONSTRUOS

Pintura mural del siglo I d.c. hallada en Pompeya y que muchos indican que representa a la poeta Safo de Lesbos

Últimamente escucho mucho la palabra éxito. Y la escucho asociada a factores externos, lo cual consigue que me invada la ironía. Cada persona tiene una apreciación muy subjetiva de aquello en que puede consistir el éxito. O, dicho de otra forma, existen tantas clases de éxitos como personas habitan el mundo, pues cada una lo cifra según su particular visión y escala de valores.
   Para mí, el éxito es poder escribir; dedicarme a ello ha sido mi sueño desde que era una criatura. El éxito se multiplica si el resultado de lo que he escrito me deja medianamente satisfecha, dentro de la eterna insatisfacción que me caracteriza y que me lleva a corregir muchas veces. Porque soy insegura, dubitativa. Y el colmo del éxito sería alcanzar con mi obra el corazón de los lectores, conmoverlos.
     Cuento con una obra escrita a lo largo de muchos años de dedicación pasional a la escritura. Como muchos ya sabéis, escribo desde siempre, aunque solo desde hace tres años he empezado a publicar. La historia de la publicación se inicia dos años antes, en 2010, cuando pierdo todas mis vergüenzas iniciales y me decido a salir del anonimato, darme a conocer. Comencé a llamar a muchas puertas, tanto de editoriales como de agentes literarios. Pronto fui consciente de que el famoseo literario (el tener ya un nombre bien cincelado) era requisito imprescindible para que, al menos, te contestaran. Como excepción, he de indicar que tuve la suerte de que Ediciones Oblicuas se interesara por dos de mis obras (por desgracia, las novelas eran demasiado largas para una editorial independiente y de escasos recursos económicos). Actualmente, he tenido la fortuna de que una editorial distinta, cuyo nombre daré en su momento, se interese por dos de mis novelas. Como mera anécdota, señalaré que este verano pasado he rechazado un contrato de una editorial de mucho nombre y prestigio; la causa: unas condiciones absolutamente abusivas, inaceptables (y pensar que así los firman muchos de los que se consideran consagrados…).
     En plena crisis económica, con cierres de editoriales y de librerías, a mí me dio por salir al mundo como la escritora que siempre he sido y que solo desde hace poco me atrevo a llamarme. Cuando Amazon abrió su plataforma en España, agucé las antenas y estuve unos pocos meses siguiendo su trayectoria y estudiando el modo de editar parte de mi obra en su casa. Era una oportunidad que no estaba dispuesta a pasar por alto. Pues bien, si en un principio Amazon era la tabla de salvación frente a las negativas, hoy puedo decir que me siento muy orgullosa de tener allí mis libros. Y ello por varias razones: 
     1. El absoluto control que tengo sobre mi obra. Excepto las obras que han sido subidas a la plataforma por editorial, conservo todos los derechos integrantes de la propiedad intelectual en mi poder y en todo momento sé lo que he vendido y en qué país o territorio se han producido las ventas. Esta ventaja es digna de elogio. Siempre nos hemos puesto del lado de los autores y hemos dicho que son los últimos en el reparto del pastel literario, los que ponen el talento para que otros se beneficien económicamente. Con Amazon, esto no ocurre; la plataforma se beneficia, sí, pero también el autor y en una cuantía muy superior a las ridículas migajas que dan las editoriales. Además, he de destacar la seriedad y puntualidad en los pagos de los derechos de autor por parte de Amazon: todos los meses los verifica, a diferencia del pago de las editoriales que, conforme a la Ley de Propiedad Intelectual española, lo hacen una vez al año, dentro de los tres primeros meses naturales del mismo, contando con que sean serias y liquiden dichos derechos, que muchas ni se dignan (vamos y vamos, si habrían de ser los autores los que deberían pagarles a ellas por el detalle de haberlos publicado).
     2. La proyección mundial de una obra en Amazon. A través de esta plataforma se llega a sitios impensables para las editoriales pequeñas o para las limitadas fuerzas de un individuo. ¿Quién me iba a decir a mí hace unos años que vendería mis obras en Francia, Alemania, Italia, Estados Unidos, Argentina, Venezuela, Uruguay, Chile…? Por otra parte, ¿quién me iba a decir a mí a finales de 2012, cuando inicié esta aventura, que hoy, tres años después, iba a contar con unos 3500 lectores?
     3. Al margen de que a todos nos guste mucho el libro impreso —a mí incluida y, de hecho, seis de mis actuales siete libros publicados pueden adquirirse en edición impresa—, no nos engañemos ni tengamos posturas retrógradas o conservadoras. Vivimos en el siglo XXI, los avances tecnológicos cabalgan a ritmo vertiginoso y todos somos muy modernos para ciertas cosas y muy mojigatos para otras. Lo que quiero indicar es que la lectura electrónica es otra forma más de lectura que viene a ampliar nuestro horizonte, y lo hace por muy poco dinero, pues los libros digitales son más económicos que los impresos y los dispositivos lectores no son solo los ereaders o los famosos lectores de libros electrónicos, sino también dispositivos de lectura gratuita que se pueden instalar en los ordenadores personales, tablets, teléfonos móviles, etcétera. No adoptemos posturas ridículas y obsoletas frente a lo nuevo, tal y como se adoptaron en su día, hace ya unos cientos de años, frente a la imprenta por los defensores de la escritura cuidada y artesana de los monjes en sus monasterios. Quien usa un ordenador de manera cotidiana, no puede aducir que le fatiga la lectura en una pantalla por ejemplo (es un contrasentido); más bien la pereza y una pretendida actitud romántica lo mantienen en una opinión que empieza a llenarse de polillas.
     Muchos alegarán frente a estas buenas razones otras negativas, tales como:
     1. La piratería que sufren los libros digitales. Es un hecho contrastado. En cuanto un libro se vende un poco, llega el pirata de turno, el largo de entendederas, el ladrón sin escrúpulos, a aprovecharse de lo que no es suyo. El género humano suele dar muchos especímenes de esta clase, pues bien sabemos que la honradez y la integridad no son valores que nos guían a todos. A ningún autor nos gustan los piratas, los que se pasan por el forro nuestros derechos; pero es algo contra lo que no podemos actuar de momento, ya que nuestra legislación no nos ampara con la energía que debiera en este enojoso asunto (que vaya alguien a poner una denuncia y se enterará de los obstáculos que ponen). Por desgracia, España es una país de listillos que presumen de bajarse las obras de otros por todo el morro, es decir, gratis. Prefiero no emitir un juicio sobre un pueblo tan poco respetuoso con la obra intelectual; sería demasiado fuerte.
     2. La escasa presencia en las librerías de los libros autoeditados. Este argumento en contra no me vale, pues también se produce esa invisibilidad si se edita con una editorial pequeña y no se es un escritor absolutamente famoso. Las pequeñas editoriales hacen tiradas cortas y no gozan de un buen sistema de distribución de los libros. Nuestro libro será invisible y solo accederá a la librería si lo pide alguien en concreto, y eso con suerte de que llegue si el editor cuenta con distribuidor para la zona específica. Solo los grandes grupos editoriales cuentan con un sistema de promoción gigantesco y con una distribución en todo el territorio; pero —no nos engañemos— tendrán preferencia siempre los grandes nombres consagrados, que no van a gastar demasiado en un pelagatos que nadie conoce, aunque haya escrito Cien años de soledad, por poner un ejemplo.
     3. La mala calidad de los libros autoeditados. Es un argumento que tampoco me vale. Si bien es verdad que en la autopublicación se ven bodrios vergonzosos, también se observan en los títulos de las editoriales. Tanto en un caso como en otro se resolvería con una adecuada corrección, que el autor puede hacerla por sí o encargándola a profesionales y el editor no tratando de ahorrar costes al prescindir de los correctores. Por otra parte, hemos de saber elegir, lo mismo que elegimos en una librería para no llevarnos un autor de fritanga si pretendemos uno de alta cocina.
     Por lo alegado, a fecha de hoy puedo indicar que me siento muy satisfecha por haberme autopublicado en Amazon. Si acudí a la plataforma como un medio de sacar al exterior algunas de mis obras, ahora tengo muy claro que es para mí una de las opciones más tentadoras, por encima de un copioso número de editoriales de este país, incluidas algunas de gran renombre. Mantener el control sobre la obra publicada no tiene precio.
     Espero no molestar a nadie con esta entrada, no es mi intención. Solo he sido sincera y he expresado lo que pienso, sobre todo porque estoy harta del fariseísmo de ciertas personas con respecto a la autopublicación en Amazon, que la denigran con un desdén petulante de lo más ácido; aunque muchos de ellos, con sus libros en editoriales, solo hayan vendido un par de docenas emblemáticas de sus libros, y eso con suerte. Amazon es una selva donde es muy fácil perderse como autor, pero también es un trampolín para las obras con unos mínimos de calidad. Como siempre ocurre en literatura, lo que se precisa es humildad, paciencia y perseverancia.

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Nota 1.- Por si a alguien le interesa, la página de Mundo Palabras publica un artículo, un breve apunte sobre la escritura de ficción que está gustando. Aquí dejo el enlace.