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lunes, 23 de abril de 2018

ELOGIO DE LA LECTURA


Aprovecho que estamos en un día especial para la literatura, el Día del Libro, para plantear una serie de cuestiones:

1. ¿De verdad somos conscientes de lo que nos beneficia la lectura?
No concibo un día sin leer. Muchos no pasan un día sin ver la televisión, así que nadie se extrañe por mi preferencia por la lectura.
Si caminar es bueno para nuestra salud general y nos damos cuenta cuando lo hacemos de forma cotidiana y continuada, leer es una actividad que nos va a influir en el cerebro y en el corazón. Las lecturas, como las caminatas, se vuelven adictivas: cuanto más las practicamos, más nos gustan.

2. ¿Alguien puede explicarme por qué existen más mujeres lectoras que hombres lectores?
Está demostrado estadísticamente que así es. Lo mismo que sabemos que las mujeres suelen ir más cargadas de faenas que los hombres, pues no solo es el trabajo, sino también la casa, los hijos, las compras… Y muchas aún encuentran tiempo para la lectura, para la magia de la lectura.
Sentado esto, intuyo que el futuro es femenino: el saber siempre acaba imponiéndose.

3. Si existen más mujeres lectoras que hombres lectores, ¿por qué las mujeres escritoras tienen menos presencia mediática que los hombres escritores?
Es un hecho. Basta con comparar noticias de unas y otros.

4. ¿Por qué las mujeres leen tanto literatura escrita por hombres y mujeres y los hombres solo suelen leer literatura escrita por hombres? ¿Por qué aún puede leerse como algo de segunda categoría eso que algunos han denominado como «literatura femenina» con condescendencia?
Si nosotras leemos literatura escrita por hombres, no creo que a ellos les haga ningún mal leer literatura escrita por mujeres. Al fin y al cabo, las mujeres somos la mitad de la humanidad, y de ambas visiones de la existencia hemos de nutrirnos para ser completos.

5. ¿Por qué tenemos la manía de indagar sobre lo autobiográfico en un texto de literatura?
Al responder a un interesante comentario de la entrada anterior, decía que, para mí, escribir sobre uno mismo es algo que, en principio, debería evitarse en el ámbito de la ficción, lo que no obsta que al hacerlo desde nosotros, no podamos evitar reflejarnos de una forma u otra en nuestros escritos (temas elegidos, valores, posiciones vitales, manías, gustos y un largo etcétera).
Pero, claro, todo tiene sus excepciones. Y yo misma me rebato con literaturas tan interesantes como, por ejemplo, la autobiográfica de Lucia Berlin. Por otra parte, si escribimos sobre nosotros mismos, el mero hecho de la escritura ya nos aleja del texto, pues toda realidad se modifica al ser reflejada por escrito. Somos lo que escribimos, aunque no siempre estamos en lo que escribimos.
Otra llamativa excepción sería el blog. Como instrumento de manifestación personal según mi entender, en él cabe de todo, autobiográfico o no.

Por último, aprovechando el día en el que estamos, os dejo un enlace donde podréis encontrar ocho de mis nueve libros, tanto en versiones impresas como electrónicas. ¿Por qué no voy a celebrar como autora mi propio Día del Libro promocionado mi obra?

jueves, 22 de febrero de 2018

REDES SOCIALES


Lo primero que quiero indicar es que no es mi intención hacer en esta entrada un estudio, una loa o una crítica exhaustiva de las redes sociales. Solo pretendo plasmar por escrito ciertas reflexiones que se me repiten últimamente.

Por tanto, no voy a entrar en lo bueno que tienen las redes sociales, como conectar a personas de todo el mundo, facilitar las relaciones sociales de los más solitarios, permitir a familias separadas estar en contacto y un largo etcétera. Tampoco me demoraré en lo malo que todos sabemos: la adicción que producen en muchos, la realidad personal distorsionada que se ofrece en ellas, la sustitución del contacto cara a cara por el virtual y una extensa retahíla de defectos.

Empezaré por el blog, la primera red a la que accedí en un ya lejano noviembre de 2009. Vi de inmediato su utilidad para transmitir mi amor por la literatura, conocer gente igualmente interesada en la misma, colocar pequeños escritos y poemas (hoy suprimidos gracias a los maestros del plagio), hablar de mis lecturas, de los autores que me interesan y expresar lo que en un momento determinado me apeteciera. En fin, supongo que en esto del uso del blog cada uno lleva su particular brújula. 

Pronto me di cuenta de que no podía dedicarle mi vida al blog, pues hace años estas redes tenían un auge tremendo y eran cientos y cientos las personas que pasaban por él cada día, algunos muy próximos a mis intereses y otros muy alejados de los mismos. Con el paso del tiempo y las ideas bastante claras, decidí mantener este Cobijo y llegamos a una relación satisfactoria para ambos: absoluta libertad, lo que implica que vengo a él cuando puedo y me apetece y me alejo si he de atender otras cuestiones que estimo prioritarias. 

Todo iba bien mientras Blogger funcionaba de manera predecible, aun cuando los blogs empezaron a perder lustre, interés y visitantes de forma gradual, que emigraban en manada a otras redes más inmediatas y menos artesanas. No sé si a consecuencia de ese auge de otras redes sociales en detrimento de los blogs, Google se sacó de la manga Googgle +, cuya existencia no me parece mal si no intentara a toda costa absorber al ya lánguido Blogger.

Al poco de aparecer Google +, un aviso que interpreté como una recomendación de mejoría inminente (¡qué ilusa fui!), me llevó a enlazar el blog con Google +. Resultado: perdí todos los comentarios de Blogger y los visitantes de Blogger que no usaban Google + no podían comentar ya en el Cobijo, con lo que recibía comentarios de estos vía correo electrónico.

A primeros de este año, tras tantos y tantos correos de queja por no poder comentar en el blog, retorné a Blogger. Entonces perdí todos los comentarios recibidos durante la fase de Google +. Me resigné a este disparate hasta que surgió mi indignación cuando, en la entrada anterior, Aristos Veyrud realizó un comentario que recibí por correo electrónico como un comentario a dicha entrada y que no me explico por qué extraña razón no apareció reflejado allí. No entiendo cómo ocurren estas cosas. No lo sé y me disgusta, lo cual suma puntos en mi disgusto con la mecánica del blog. Si le doy a un botón, no pueden comentar los de Google + y sí los de Blogger. Si le doy a otro botón, acceden los de Google + y no los de Blogger. ¿Es que no existe la posibilidad de que el blog pueda admitir a todos, tal y como me gustaría, tal y como ocurría hace ya bastantes años? Ahora todo es más sectario y complicado tras la creación de Google +, está visto. Y haga lo que haga, fastidio a alguien sin pretenderlo.

Lo dicho es en cuanto al blog, que, como otros tantos, pierde seguidores día tras día, lo mismo que los pierdo en Google +, como otros muchos usuarios de esta red, lo cual me lleva a la conclusión de que Google no ha sabido imponerse a otras redes sociales.

Y para qué hablar de las otras redes sociales… Con respecto a las que conozco por haberme metido en ellas, también observo la decadencia, el aumento de la publicidad constante, el hecho de que solo vea las publicaciones de una decena de amigos (por ejemplo en Facebook, que tengo más de 4900 y solo veo pasar, día tras día, las de unos pocos; y, hablando de Facebook, o de Blogger, o de Google +, que ya no sé quién es el responsable, me han dejado a cero los likes del Cobijo).

Así van las cosas en estos escaparates públicos. Pero no me quejaré, porque si sigo en ellos, aunque sea de forma esporádica y a mi aire, es porque me dan bastantes satisfacciones, sobre todo por la oportunidad de conocer a personas muy interesantes.

En otro orden de ideas, no quiero despedirme sin anunciaros que el próximo 9 de marzo, a las 19,30 horas, estaré en el Foro Poético del Real Casino de Murcia, que se celebra en el Salón de Actos de este último. Agradeceré la presencia de quienes por razones de proximidad geográfica puedan acercarse.
Hago este anuncio con tanta antelación por estar inmersa en los preparativos de la salida de un nuevo libro de relatos, que tendrá lugar en marzo. Ya daré cuenta de él más adelante. De momento, os dejo su título: Mujeres de otoño.

miércoles, 10 de enero de 2018

LECTURAS DE 2017

Como ya es costumbre, dedico la primera entrada del año a las lecturas que más he disfrutado durante el pasado 2017.
Han sido 71 libros íntegros, de cabo a rabo, y dos que dejé inconclusos al poco de empezarlos por no convencerme. Ya he dicho en otras ocasiones que no merece la pena perder el tiempo en lecturas que no aportan nada. La lectura es una de las actividades más gozosas que conozco, por  lo que si no consigo ese gozo, condeno el libro sin remordimiento alguno.
Destaco entre los libros que he leído los siguientes:


1.— La trilogía de Nueva York, de Paul Auster. Publicado por Anagrama.
En 2017 he releído una buena parte de las obras de Auster, entre las que se encuentran estas tres novelas cortas que le dieron fama internacional (La ciudad de cristal, Fantasmas y La habitación cerrada). Fue un disfrute de principio a fin, sobre todo con La ciudad de cristal y con Fantasmas, pura metaliteratura dentro de una atmósfera alucinada. 

También leí de Auster Leviatán (que no sé cómo se me escapó en su día), publicado por Seix Barral. Una maravillosa novela de estructura circular que recoge un juego de espejos, donde el propio Paul Auster se transparenta en la voz del narrador (con sus mismas iniciales) y su mujer Siri (en Iris). La historia de un escritor contada a través de otro escritor amigo suyo.

Ahora, en los primeros días de este año 2018, concluí su última novela, la voluminosa 4 3 2 1. Prefiero no opinar sobre ella, porque no me ha convencido.



2.— La vida negociable, de Luis Landero. Publicado por Tusquets.
Maravillosa novela de principio a fin, donde brilla el mejor Landero. 
El protagonista es una antihéroe, incluso una mala persona en ocasiones. Pero el autor teje la ternura en sus líneas, aun en los personajes más odiosos, nos hace asomarnos a ellos, a sus interiores, para que conozcamos mejor sus razonamientos y podamos entenderlos.
Para no variar, su prosa es sublime.



3.— Manual para mujeres de la limpieza, de Lucia Berlin. Publicado por Alfaguara.
Un conjunto de relatos magníficos e impactantes de una autora con una voz muy auténtica.
Casi todos los relatos reflejan, de una forma u otra, su vida, una vida atormentada entre el alcohol, las separaciones matrimoniales, los problemas de salud y los empleos inferiores a su propia valía. Pero Lucia ama la vida y lo demuestra en sus páginas, con una escritura fresca, viva, directa.
Este libro contiene relatos memorables, como «Amigos», delicioso de principio a fin; «Inmanejable», un relato que impacta, rotundo, buenísimo; «Atracción sexual», muy simpático; «Penas», muy bueno; «Carmen», demoledor, o «Mijito», que sacude.
Una alegría enorme leer a esta mujer, a esta magnífica escritora que no conoció el éxito merecido en vida.



4.— El ángulo del horror, de Cristina Fernández Cubas. Publicado por Tusquets.
Quienes me conocen saben que me encanta esta autora desde hace ya muchísimos años. Le sigo la pista y leo todo lo que saca nuevo, además de releer lo anterior. 
Este libro, compuesto por cuatro relatos, ha sido una relectura apasionante. Es magnífico de principio a fin. Los cuatro relatos, cada uno en su estilo, son redondos, perfectos.
Otro libro suyo que releí en 2017, y que recomiendo de manera apasionada, es Parientes pobres del diablo, también publicado por Tusquets.
Tres magníficos cuentos componen el quinto volumen que la autora publicó en su día.
Muy bueno, con el estilo peculiar de Cristina: claro, con gran fuerza narrativa y con ese fondo misterioso tan característico con el que dota a sus relatos. En uno de los relatos, «El moscardón», me invadió la ternura, y es que la autora sabe manejar diversos registros.

También releí de esta magnífica cuentista Mi hermana Elba, Los altillos de Brumal y Con Agatha en Estambul. Todos muy recomendables.



5.— Mientras escribo, de Stephen King. Publicado por Debolsillo (Penguin Random House).
Una obra que se sale de la producción de terror de King, de carácter autobiográfico y ensayística.
El famoso escritor nos cuenta parte de su vida y de su relación con la literatura de una manera cómplice y directa. Se hace muy cercano. Y sus apreciaciones literarias son, en general, muy certeras.
Me ha encantado. Una gozada de libro, muy bueno.



6.— La balada del café triste, de Carson McCullers. Publicado por Austral (Planeta).
De esta autora norteamericana ya leí hace años la novela El corazón es un cazador solitario, que me gustó.
Me tocaba este libro de relatos, donde destaca de manera brillante el que le da título al libro, «La balada del café triste», un relato de largo aliento, magnífico de principio a fin, donde puede aprenderse eso que tanto se recomienda: «muestra, no cuentes», con unas descripciones atinadas y con un personaje, Miss Amelia, genial, memorable.
Otro relato que me gustó mucho fue «Dilema doméstico», más breve y tierno, donde se palpa la tragedia del alcoholismo.
Una autora con muy buena mano para retratar personajes con alguna minusvalía, sea física o psíquica.



7.— 84, Charing Cross Road, de Helene Hanff. Publicado por Anagrama.
Entretenido y entrañable libro que leí por recomendación de una buena amiga. 
Recoge la correspondencia entre la autora americana y Frank Doel, empleado de la librería londinense Marks & Co.
En él, late de forma esplendorosa el amor por los libros. También refleja los racionamientos en Londres tras la II Guerra Mundial, la generosidad de los pobres, una ironía exquisita, así como una serie de sentimientos verdaderos que emocionan.



8.— El cuento de la criada, de Margaret Atwood. Publicado por Salamandra.
Una estupenda distopía donde la autora nos habla desde la perspectiva de una criada de una sociedad autoritaria donde la mujer han perdido su identidad y solo se la tiene en cuenta a efectos de la procreación u otros roles determinados por los jerarcas.
Muy bien desarrollada la novela, si bien, en ocasiones, he sentido que se ha estirado de más la autora, que se ha repetido; tal vez, algo más corta hubiera quedado más impactante.



9.— Cómo comportarse en la multitud, de Camille Bordas. Publicado por Malpaso.
Una novela deliciosa narrada por un preadolescente hasta su llegada a la adolescencia. 
Fresca y espontánea, no quita para que, en ocasiones, se traten temas muy duros, pero lo hace la autora de una forma suave. La sonrisa no abandona mientras se lee. La he disfrutado.
Camille Bordas, una autora muy joven que promete.



10.— Una temporada en el purgatorio, de Dominick Dunne. Publicado por Libros del Asteroide.
Una novela de corte clásico, profunda, densa, con una fuerte carga de crítica social a los adinerados y poderosos, ya que refleja sus luces y sus sombras, sus puntos fuertes y débiles.
Me ha gustado.







Quedan fuera otros muchos libros con los que he disfrutado , como La loca de la casa, de Rosa Montero; La muerte de Iván Illich, de Tolstói; Algo se ha roto, de Eugenia Kléber; El abismo verde, de Manuel Moyano; Canción dulce, de Leila Slimani; Respiración artificial, de Ricardo Piglia… La relación sería demasiado larga y a saber si tediosa. A diferencia de otros años, no me he marcado un número de libros para reseñar. He metido los que están, incluso al tocar un autor los demás que he leído de él (a excepción de Auster, al no incluir otros dos libros releídos).

Por último, y a título personal, anuncio que el próximo viernes 19 de enero, a las 19,30 horas, estaré en Barcelona, en el Jamming Lounge, carrer de Vallfogona, 23, Gràcia. Con mi novela Diario de una fuga.
Este es el cartel anunciador:


¡Felices lecturas para el 2018! 

lunes, 24 de abril de 2017

DÍAS DE LIBROS



Ayer se celebró el Día del Libro. Buena cuenta se dio de ello en los informativos y en las redes sociales. Y yo ando perpleja por muchos y variados motivos:

1. En un país con escasa afición lectora, todos se mostraban tan contentos: los que leen y los que no leen. Los escritores se exhibían, firmaban ejemplares, felices de lucir a pleno sol una afición o profesión que el resto de los días del año es mirada con indiferencia absoluta. 
Porque esto de escribir da mucho que hablar a quienes lo hacen y a quienes observan a los que lo hacen, a quienes pretenden llegar a hacerlo, a quienes se tiran al campo de batalla de la página en blanco armados de frases hechas y lugares comunes como escudos, a quienes navegan por mares sintácticos incoherentes, a quienes cabalgan sobre los rocines de las faltas de ortografía como si fueran caballos briosos.
En medio de tanto jaleo, porque en esto de los libros todo el mundo opina, me sonrío. Veo mis estanterías repletas; mi lector electrónico, rebosante; la mesa que atesora las lecturas inmediatas, nutrida. A solas, en silencio, se operará la magia cotidiana de la lectura. Estoy a salvo. Soy libre.

2. El día de ayer y sus aledaños implican ventas. Seguro que serán un alivio para las pequeñas editoriales independientes, esas que intentan publicar conforme a unos criterios mínimos de calidad y que se preocupan por la cultura del país. 
En el otro extremo, para las editoriales poderosas («esa gente que se traga cualquier cosa si se vende bien», que diría Siri Hustvedt), días de negocio. Porque para ellas los libros son objetos, mercancías que se venden, como los peines, las sandalias o las camisetas. En este barrio, se hace mucho ruido, incluso con pocas nueces. Los libros son material de consumo y no se sonrojan por tratarlos en tal sentido. En España, dos grandes grupos devoran desde hace años los sellos más prestigiosos. 
Cuando los gigantes se coman a los valientes enanitos que quedan, ¿qué pasará? Por lo que a mí me preocupa, supongo que habré de desarrollar a marchas forzadas aptitudes para una verborrea que me repugna a efectos de poner de relieve la viabilidad comercial de mis libros, o sea, de mi producto (¡madre mía, qué jerga!). O espabilamos o nos echarán los famosillos, los que venden por guaperas, los que hipnotizan con su juventud sin mácula, los ruidosos y una larga lista de despejados donde no cabe la fealdad, la timidez o las arrugas. Y si eres mujer, de una cierta edad y… Más vale que no me encienda y sea prudente, que está en juego el futuro que no sé si disfrutaré.

3. También me llama la atención la actitud farisea de los que nos gobiernan. Dan el Premio Cervantes y se retratan con escritores, loan a Cervantes y a los de su estirpe, pregonan las excelencias de los libros y de la lectura, mientras, en la reboticas, legislan para que la literatura deje de ser una asignatura de postín en los planes de estudios. El país exige gente preparada, humanos dispuestos a obedecer sin plantearse la idoneidad de las órdenes o la legitimidad de quienes los rigen. ¿Para qué sirve la literatura? ¿Para que la gente se cuestione todo? ¿Para que las personas piensen por sí mismas y caigan en terribles depresiones? ¿Para forjar insumisos al poder? 
Nuestros gobernantes desean nuestro bien, así que fuera la literatura universal, la filosofía, la música y todo aquellos que no sirve para producir. Como mucho, que sean materias optativas, aunque sin abusar, para aquellos espíritus frágiles y sensibles que nunca llegarán a nada.

Termino ya con los motivos de mi aturdimiento. ¿Para qué seguir si cada día entiendo menos lo que pasa? Eso no obsta para que cuando lo considere o me dé la calentura, vuelva sobre estos asuntos, que se requieren muchas páginas para apaciguar un pensamiento rebelde. 

Y nada mejor en este momento que unas citas de autores sobre los libros y la literatura:

«Cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir». De Paul Auster, Brooklyn Follies.

«(…) un libro debe ser el hacha para el mar helado que llevamos adentro». De Franz Kafka.

«Los libros son puntuales. Llegan cuando uno los merece, nunca antes». De Eloy Tizón, «Zoótropo (Biografía de un libro)», la introducción o prólogo a la segunda edición de Velocidad de los jardines.

«Vivir las vidas que uno no vive es fuente de ansiedad, un desajuste con la existencia que puede tornarse rebeldía, actitud indócil frente a lo establecido. Es comprensible, por ello, que los regímenes que aspiran a controlar totalmente la vida desconfíen de las ficciones y las sometan a censuras. Salir de sí mismo, ser otro, aunque sea ilusoriamente, es una manera de ser menos esclavo y de experimentar los riesgos de la libertad». De Mario Vargas Llosa, La verdad de las mentiras.
«Porque jugar a las mentiras, como juegan el autor de una ficción y su lector […] es una manera de afirmar la soberanía individual y de defenderla cuando está amenazada; de preservar un espacio propio de libertad, una ciudadela fuera del control del poder y de las interferencias de los otros, en el interior de la cual somos de veras los soberanos de nuestro destino». De Mario Vargas Llosa, La verdad de las mentiras.
«Una comunidad sin literatura escrita se expresa con menos precisión, riqueza de matices y claridad que otra cuyo principal instrumento de comunicación, la palabra, ha sido cultivado y perfeccionado gracias a los textos literarios». De Mario Vargas Llosa, La verdad de las mentiras.
«Una persona que no lee, o lee poco, o lee solo basura, puede hablar mucho, pero dirá siempre pocas cosas, porque dispone de un repertorio mínimo y deficiente de vocablos para expresarse. No es una limitación solo verbal; es, al mismo tiempo, una limitación intelectual y de horizonte imaginario, una indigencia de pensamientos y de conocimientos, porque las ideas, los conceptos, mediante los cuales nos apropiamos de la realidad existente y de los secretos de nuestra condición, no existen disociados de las palabras». De Mario Vargas Llosa, La verdad de las mentiras.
«Se aprende a hablar con corrección, profundidad, rigor y sutileza, gracias a la buena literatura, y solo gracias a ella». De Mario Vargas Llosa, La verdad de las mentiras.
«Para formar ciudadanos críticos e independientes, difíciles de manipular, en permanente movilización espiritual y con una imaginación siempre en ascuas, nada como las buenas lecturas». De Mario Vargas Llosa, La verdad de las mentiras.
«La literatura, no la ciencia, ha sido la primera en bucear las simas del fenómeno humano y descubrir el escalofriante potencial destructivo y autodestructor que lo conforma». De Mario Vargas Llosa, La verdad de las mentiras.


Por último, dado que hoy, hace ya muchos años, en 1904, nació una mujer excepcional que amaba los libros y tenía la fea costumbre de pensar y de dedicarse a ello, dejo este hermoso párrafo a propósito de la escritura:
«Escribir es defender la soledad en que se está; es una acción que solo brota desde un aislamiento efectivo, pero desde un aislamiento comunicable, en que precisamente por la lejanía de toda cosa concreta se hace posible un descubrimiento de relaciones entre ellas. Pero es una soledad que necesita ser defendida, que es lo mismo que necesitar de una justificación. El escritor defiende su soledad, mostrando lo que en ella y únicamente en ella se encuentra […] Se escribe para reconquistar la derrota sufrida siempre que hemos hablado largamente […] Hay en el escribir siempre un retener las palabras, como en el hablar hay un soltarlas, un desprenderse de ellas, que puede ser un ir desprendiéndose ellas de nosotros. Al escribir se retienen las palabras, se hacen propias, sujetas a ritmo, selladas por el dominio humano de quien así las maneja». (De María Zambrano, mujer, filósofa, persona lúcida).

domingo, 9 de abril de 2017

ANDAMOS DE PROMOCIÓN


Han sido dos semanas intensas las del lanzamiento de la edición impresa de mi novela Diario de una fuga. Ahora toca un respiro con la Semana Santa y las Fiestas de Primavera (la semana siguiente a la Semana Santa, Murcia hierve festiva en sus calles y plazas). Después, tocará seguir anunciando la novedad. Los que me conocéis bien, sabéis que odio las fases promocionales; pero soy consciente de que no queda más remedio que sufrirlas. Las sufren hasta los escritores más consagrados, aunque a ellos les den los actos organizados y no hayan de ocuparse personalmente de todos los detalles.
De momento, estoy muy contenta de la acogida que está teniendo la novela. Muchas personas que no les gusta leer en un libro electrónico la estaban esperando. Lo sabía y por eso me lancé a esta aventura de la autoedición. Eso sí, acompañada en todo momento por un grupo de personas profesionales, éticas, amables y siempre pendientes de que el autor se quede satisfecho. Me refiero a MundoPalabras, un equipo muy preparado que te ampara de principio a fin. Son absolutamente recomendables.


Aviso a posibles interesados que, desde el jueves 6 de abril, la novela está disponible en la Librería Popular de Albacete, calle Octavio Cuartero, 17.
He elegido esta librería por muchos motivos, como el trato humano y cálido que en ella se recibe o la inmensa calidad en la oferta de editoriales y títulos, no en vano ha recibido recientemente el Sello de Calidad de Librerías que otorga el Ministerio de Cultura.
Sé que a muchos os pilla lejos Albacete; pero, si estáis cerca, merece la pena perderse durante horas en esta maravillosa librería.
Además, quienes quieran que la librería indicada les envíe mi novela, o cualquier otro título, pueden conseguirla encargándola en cualquiera de los portales digitales de oferta de libros, como Amazon.


En fin, que antes de perderme durante unos días para recargar las pilas, dejo esta entrada promocional, incluso cuando sé que este tipo de entradas no son del gusto de muchos. Pero cada uno hace en su casa lo que quiere, hasta el pino y lo inmortaliza en unas fotos. Dejo desactivados los comentarios, entre otras cosas porque no voy a poder contestarlos ni voy a pasarme por ningún blog amigo. Necesito una pausa en el ajetreo de estos días que me han dejado sin tiempo para nada. Necesito un respiro.
Para concluir, diré que esta novela, Diario de una fuga, alberga una historia con una buena dosis de suspense psicológico donde se indaga sobre el acto creativo desde distintas posturas vitales, sobre la escritura y, en general, sobre la literatura y otras artes. Sus poderes para matarnos o salvarnos. Los equívocos a los que puede llegar un temperamento sensible por la interpretación de las dimensiones simbólicas de la realidad. La apología del acto creativo, aunque no sirva para nada. El dolor de no estar donde el espíritu sabe que le corresponde y el dolor de estar donde las convenciones decretan. El descubrimiento propio en el cambio. Los deseos que se manifiestan y se permiten contradecir la línea de conducta trazada. La posibilidad de la redención. La vida.

martes, 7 de marzo de 2017

ESCRIBIR

Como indica Margaret Atwood «aquí nadie regala nada. Escribir es un trabajo. También es apostar. No viene con un plan de pensiones. Habrá ciertas personas que puedan echarte una mano, pero en esencia te las tendrás que apañar solo. Nadie te obliga a escribir. Si escribes es porque has elegido hacerlo, así que no te quejes».
Y no me quejo. Pero jamás podré considerarlo un trabajo, sino una pasión. 
Me aplico con esmero a conseguir lo mejor de mí misma en cada frase, en cada párrafo, en cada obra. Escribir es una aventura que no se acaba nunca. No conozco mejor ocupación para mi tiempo. Nada me hace más feliz, sin perjuicio de que, a veces, pueda quitarme el sueño.
Sola. Bendita soledad, la soledad sonora a la que se refería el medio fraile. Quien no disfrute de la soledad que no se convierta en escritor. Soledad y escritura se dan la mano. Este no es oficio para ruidosos que precisan de constantes estímulos externos. Aquí el principal estímulo viene del propio interior, y hay que saber escucharlo y domarlo para transmitirlo. Una tarea apasionante.

También hay que amar las palabras, el lenguaje, la herramienta básica de este oficio. Me sonrío internamente ante aquellos que se definen escritores y no muestran interés alguno por el uso adecuado de la lengua en la que se expresan.
«Amar las palabras, tener interés en lo que se escribe, creer en el poder de los libros, esto supera a todo lo demás» indica Paul Auster en La habitación cerrada, de su famosa y magnífica Trilogía de Nueva York. 
Cómo me gusta Auster. Leerlo, releerlo.

Las palabras… Esas que nos persiguen o se nos resisten. Esas que nos salvan un texto o nos lo arruinan.
Las palabras… Cuántas trampas esconden. También, cuántas recompensas. Ellas vienen y van, desaparecen, se vuelven crónicas, nos invaden, nos sacuden, nos emocionan, nos enseñan, nos conmueven, nos acercan y nos apartan. Hay que llevar cuidado con las palabras, mucho cuidado. 
Ya lo decía Aldous Huxley: «Las palabras, como los rayos X, atraviesan cualquier cosa, si uno las emplea bien».

Sobre todo, conviene no perder de vista que lo importante son las preguntas, no las respuestas. 
Cuanto más nos preguntamos, más denso y poliédrico va a ser nuestro escrito. No debe preocuparnos no hallar soluciones. ¿Acaso la vida tiene solución cuando su fin siempre es el mismo? 
Las preguntas nos van a poner en la pista de lo que perseguimos, de lo que nos ronda e, incluso, de sus posibles desenlaces. Las preguntas abren mundos; las respuestas, los cierran.
Bien claro lo dice Rosa Montero: «La literatura es un camino de conocimiento que uno debe emprender cargado de preguntas, no de respuestas».

Tampoco conviene perder nunca de vista aquello que indicaba mi querido y admirado Miguel Espinosa: «El talento es bondadoso y modesto, amén de paciente». 
La paciencia es necesaria, imprescindible. Si no figura entre las cualidades propias, habrá que cultivarla con esmero y dedicación. No queda otra.
La modestia, o la humildad, son esenciales para mantener en vilo las aptitudes creativas, para tener los ojos abiertos a todo, para aprender lo que el mundo puede enseñarnos, para soportar todos los desprecios y humillaciones que tengan a bien propinarnos los otros. Estamos expuestos al juicio de los demás, siempre expuestos, y en ocasiones nos sentiremos como la diana, preparada para recibir las flechas.

Y, por último, que no nos falte el sentido del humor. Es de lo más saludable para poner nuestro ego en el lugar que le corresponde. De paso, no nos veremos abocados a enredosas depresiones que no nos van a solucionar nada, porque si estamos aquí metidos es por haberlo elegido, porque queremos.
Joyce Carol Oates es sabia cuando dice: «No intentes escribir para un "lector ideal". Puede que exista, pero está leyendo el libro de otro», o «Mantén un luminoso y esperanzado espíritu. Pero espera lo peor».