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martes, 17 de octubre de 2017

MISCELÁNEA


Dejo pasar las horas en la contemplación de imágenes de un país que me emociona, al que me siento ligada por razones que ignoro, pero que son profundas, arraigadas con fuerza en mi interior desde que era niña.


Solo en una ocasión he estado allí. Fue la semana más intensa que he vivido. Me sentía como en casa. En paz. Alegre. Plena.
Me supo a poco la estancia y siempre deseo regresar. 


Ahora, con ganas de evadirme de las tristezas que imperan últimamente en mi vida, contemplar imágenes de Grecia me calma el corazón.

Pero no todo es tristeza. También existen oasis en el desierto, alegrías que iluminan este tiempo sumido en la niebla.
Hace unos días me puso contenta saber que en el ensayo Impacto narrativo. Ecos de un meteorito, escrito por Consuelo Mengual Bernal y editado por La Fea Burguesía en septiembre de este año, la autora me incluye entre los escritores del área metropolitana de Murcia y dedica a mi persona y a mi obra unas cuantas páginas.
Los criterios de selección han sido, según indica la autora, tener calidad literaria, estar en plena producción, haber obtenido premios de alcance nacional y haber publicado en editoriales nacionales.
Fue toda una sorpresa que aún me alegra cuando la recuerdo. Porque es un orgullo para mí estar ahí, al lado de nombres a los que admiro.


No quiero despedirme sin indicar que hoy, 17 de octubre, mi novela Aroma de vainilla es Kindle Flash, lo que implica que estará a un precio muy reducido por veinticuatro horas solamente.
Para mí esta es la promoción estrella de Amazon, pues alcanza a millones de personas, tanto por la especial visibilidad que le dan en su tienda como por los correos masivos que remiten a un amplio número de suscriptores.
También recuerdo que en Amazon, y durante todo el mes de octubre, están en oferta las versiones digitales de mis otras tres novelas publicadas: La historia de los mil nombres, Diario de una fuga y La gloria venidera.
Avisado queda, aunque he de confesaros que cada vez me cuesta más cacarear estas cosas. Bien quisiera no hacerlo. Incluso pienso… Mejor no continúo por aquí, no es conveniente. Será que estoy en baja forma y todo lo veo gris a la más mínima, será. A ver si pronto hago una escapada, que una tengo prevista con mi marido para noviembre. Seguro que a los dos nos va a sentar de maravilla, que este año aún no hemos tenido vacaciones.

lunes, 2 de octubre de 2017

GOLPES


Cómo me viene hoy a la memoria el poema de César Vallejo titulado Los heraldos negros, que abre su libro del mismo nombre.

LOS HERALDOS NEGROS

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como el odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Cuánto dolor en este día en que me avergüenzan unas imágenes llenas de violencia. La violencia nunca es justificable y solo engendra más violencia. 
Cuánto dolor cuando constato cómo siempre es el pueblo (los civiles y los armados, sean policías, guardias o mozos que cumplen con su trabajo) quien paga. Nunca los políticos sufren una rozadura por cumplir su voluntad, que nos echan a las calles sin garantías ni escudos.
Cuánto dolor al sentir como se enfrenta hermano contra hermano en esta tierra española que parece que nunca aprenderá de su propio pasado.
Ni ultra ni independentista. Solo soy una española avergonzada de su país, ese que acoge, en mi entender, también a los hermanos catalanes.

Cuánto dolor, cuánto. Porque mi dolor no solo se ciñe a los acontecimientos que estamos viviendo, sino que acuna una pena muy honda que me nubla la vista desde el miércoles 27 de septiembre, día en que falleció mi hermano, al mes y dieciocho días de la muerte de mi madre.
¿Cuánta tristeza puede llegar a albergar el corazón humano?

Y, en medio de esta desolación atroz, desgarradora, debo indicar, aunque sea por cumplir mínimamente conmigo misma y con mi escritura, que desde ayer y durante todo el mes de octubre, Amazon promociona tres de mis novelas a un precio más bajo (pasan de 3,51 € a 1,49 €). Las novelas son La gloria venidera, La historia de los mil nombres y Diario de una fuga. Aquí dejo el enlace a mi página de autora, donde podréis verlas y conseguirlas.

Estimados amigos, no toméis a mal mis ausencias. Es mucha la tristeza que me embarga, mucha la congoja que me ahoga, mucho el dolor que me parte.

domingo, 4 de octubre de 2015

AL LATIDO DE LA NOSTALGIA


Como cuando era muy joven, me he levantado escuchando música. Como cuando era muy joven, más o menos a los 18 años recogidos en esa fotografía, me he puesto a Luis Eduardo Aute, un cantautor que siempre me ha gustado por la calidad de sus letras y la calidez de sus canciones. He retrocedido en el tiempo en esta hermosa mañana de octubre. He dejado a la nostalgia hacer de las suyas. Y es que el tiempo pasa y pasa, aunque dentro de nosotros sigamos siendo los mismos y continuemos albergando los mismos sueños.
     «Me he quitado el vestido, las flores y las trampas» desde el alba, me he dicho: «una de dos», o te dejas arrastrar por el viento dulce de los recuerdos o los cierras. Pero algo en mí me ha impelido a seguir con las dulces melodías. Y aún sigo. Como constancia de unas horas mágicas, dejo una canción al azar, porque cuesta decidirse entre tanta belleza.


Nota.- Aunque sé que a muchos de lo que os pasáis por aquí ni os interesa ni os importa su suerte, como se trata de mis libros, de mis obras, de mi vida y este es mi blog, y literario —porque a mí me apasiona la literatura—, anuncio que durante todo el mes de octubre Amazon me ha incluido cuatro títulos en una celebración especial que alcanza a los mercados de Amazon.es, Amazon.com y Amazon.com.mex. Son las novelas Aroma de vainilla y La historia de los mil nombres, el poemario Lunas de ausencia y el libro de relatos El cauce de los días. Cada uno de estos libros está al precio rebajado de 0,99 €, 1,11 $ y 15 pesos mexicanos.

lunes, 21 de abril de 2014

UN PEQUEÑO DETALLE POR EL DÍA DEL LIBRO

El día 23 se celebra el día del libro. Aunque no me gustan los días de..., sí quiero celebrar esta jornada especial con un detalle por mi parte: desde hoy hasta que concluya el día 23, los tres ebooks que tengo en Amazon estarán a mitad de precio.
No voy a negar que es una gran lucha la de estar visible en una plataforma dominada por grandes intereses comerciales. Me falta espíritu de vendedora, es cierto, pero me sobra pasión literaria, y es por ella por la que soy capaz de dar pasos de este calibre, ya que pretendo lo mismo que cualquiera que escribe: ser leída.
A continuación, tras las imágenes de los tres ebooks, dejaré el enlace que lleva a su página en Amazon.es (España). Si vivís en otro país, recordad que la oferta estará también en las páginas de Amazon.com para América del Norte y otro buen número de países de América Latina, Amazon.com.mx para México, Amazon.com.br para Brasil, además de estar disponibles en las plataformas de Amazon de Francia, Italia, Alemania, Gran Bretaña, India, Canadá, Australia y Japón.
Si os apetece leer los comienzos de estas dos novelas y poemario, los tenéis arriba, en la página titulada Sillón de lectura. 
Gracias por leerme.



viernes, 24 de enero de 2014

SIEMPRE A LA BUSCA

Este aspecto tenía cuando escribí los poemas que transcribo a continuación. Hoy me he topado con ellos y, aunque están lejos de mi escritura actual, sigo coincidiendo con su mensaje de fondo: siempre buscándome. Supongo que nos pasa a todos en este trayecto de la vida. Solo la muerte corta nuestra eterna búsqueda: la de quienes fuimos y somos. Quiénes seremos no son más que hipótesis, de ahí que más vale cuidar el presente para que el futuro no nos defraude.
      Dada la antigüedad de los poemas (año 1978), esta que suscribe os pide un poco de condescendencia. Con 20 años era lo que daba de sí la mata. Por cierto, el segundo poema, Voy a la zaga de mí misma, fue mi primera publicación en una revista literaria que se publicaba en Murcia por aquellos años. Se llamaba Azahara y allí conocí a amigos que aún conservo.

BÚSQUEDA

Se me escapan las estrellas de los dedos,
he perdido las cuentas del rocío
y en mis labios no florecen las violetas.

Voy en busca de la huella de mis pasos.
Persigo mi sombra enaltecida.

Quiero hallarme en la intuición de soles,
en el claro murmullo del agua,
en la lucha humilde y laboriosa.

El camino se oscurece con brusquedad,
una espada me acecha en cada esquina,
el cansancio me pesa y aletarga.

¿Dónde están los días radiantes?
¿Dónde el estallido de pájaros en vuelo?
¿Dónde la estancia vislumbrada?

He de salir del oscuro laberinto,
crear con mis manos los paisajes,
sembrar con mis ojos los caminos,
descubrir la llave de la trampa que me tiene recluida.




VOY A LA ZAGA DE MÍ MISMA

Voy a la zaga de mí misma,
corro tras la huella de mis pasos,
busco la sombra de mi cuerpo,
me persigo ansiosamente en las tinieblas.

Una guerra brutal se ha declarado,
una esperanza escondida en una espada sin filo,
una lucha de estrellas y de soles,
un dolor de tierra traspasada por el árbol creciente,
una apreciación de la rosa como rosa,
un nomadeo del sentimiento en busca de su expresión.

No me busco si no es para encontrarme
en el universo de luz que mi corazón intuye,
en esa plenitud de vida que en mis sueños se dibuja,
en ese oasis de verdad que me aguarda al final de esta larga marcha.
No pretendo otra cosa que extraerme
de este pozo inconcluso que me encierra,
despojar mis paredes de alimañas, 
reflejarme en el agua de un arroyo,
empezar a ser para aún más: seguir siendo.

Al final de este oscuro laberinto,
un sueño tengo reservado.
Al final, la luz espera.
  

Por último, no deseo despedirme por hoy sin anunciar que, ¡por fin!, he conseguido que las obras que tenía publicadas solo en formato electrónico en Amazon, estén también en papel. Lo he hecho a través de la página de CreateSpace y aseguro que, por pocas, pierdo la razón. 
    Aunque voy a dejar los enlaces a las dos novelas y al poemario de manera permanente en la columna derecha del blog, en esa vitrina donde se agrupan libros, publicaciones, páginas de interés, blogs e informaciones diversas, no me resisto a colocarlos al final de esta entrada. 
     Me ha costado mucho esfuerzo, pero ya están en el mundo tangible y eso es lo que cuenta. 
     A quienes me pedían el papel, ya no les queda excusa.
  
Enlace a La historia de los mil nombres

  
Enlace a Aroma de vainilla

jueves, 31 de octubre de 2013

DE ANIVERSARIOS Y EXCENTRICIDADES VARIAS


Ahora que parece que ha remitido el peligro visual al que estaba expuesta si no me comportaba con una cierta prudencia, regreso de nuevo al ordenador con un buen cargamento de noticias y nostalgias, que en estos días de todo ha habido, incluso actitudes extrañísimas en esta que escribe, pues hasta le ha dado por componer poemas en los que contabiliza sílabas, ¡lo nunca visto! Tal vez se deba que, a falta de un sentido, se agudizan los restantes, y, tocada la vista, el oído tomó el mando. O tal vez a que la edad afecta seriamente a las neuronas o cambia hábitos, que muy sabio fue quien dijo aquello de «No digas nunca: “de este agua no beberé”». Por tanto, más vale mantenerse callada y abierta a todos los vientos del vivir que se introduzcan por las rendijas de este ser que se propugna mío y al que a mí me cuesta reconocer como propio. Ya se sabe que me llevo muy mal con los espejos desde siempre, así que cuánto más ahora, con el devenir del feo tiempo, que nunca se para y hace con nosotros lo que bien le parece.


     En estas fechas, estoy de aniversarios diversos. Se cumple por estos días un año de la aparición de mi libro de relatos Linaje oscuro. El balance es bueno en general: ha tenido una magnífica acogida y crítica, me he permitido conocer a muchas personas interesantes en sus presentaciones y me ha proporcionado grandes satisfacciones a muy distintos niveles, como la presentación al premio Setenil a instancias de mi editor (donde no hubo suerte) y su difusión al otro lado del Atlántico, en Miami y otras ciudades de Florida, así como a través de una importante cadena de librerías americanas.






     También se ha cumplido un año de la aparición digital en Amazon de mis libros de juventud: La historia de los mil nombres, novela corta que indaga en la indecisión amorosa y en las contradicciones del enamoramiento, y Lunas de ausencia, un libro de poemas intimistas de temática amorosa. Su acogida ha sido relativamente modesta, no sé si porque son libros que no gustan, porque no ando todo el día promocionando (me cuesta mucho, por carácter, venderme continuamente) o porque mis lectores no son los de Amazon. En cualquier caso, sí he comprobado que esa plataforma virtual es una auténtica selva. Con todo, el balance es positivo, ya que han llegado a un número considerable de lectores, más que si se hubieran quedado en el cajón, y aún, a día de hoy, se siguen produciendo descargas.


     Más suerte ha tenido en Amazon la novela Aroma de vainilla, que, desde mitad de marzo conquista a todo aquel que se decide a leerla y de la que hacen magníficos comentarios que me llenan de alegría. Es una novela en la que opté por el imperio de la imaginación y en la que narré hechos y más hechos, sin demasiadas digresiones, con unos personajes que conquistan el cariño de quienes deciden introducirse entre sus páginas. No es ningún bestseller digital amazonero, ni falta que le hace, que está escrita con primor y no transige con lo fácil. Incluso, tiene otro inconveniente añadido a la falta de insistencia continua por mi parte y es el del precio, que en aquella plataforma es de escándalo para un libro que no sea de editorial: 4,38 € con IVA incluido. Pero yo adopté un criterio con respecto a esto de publicar en Amazon: un céntimo por folio o, mejor dicho, Din-A 4, y redondeo a la baja. Luego, ellos le añaden los céntimos del IVA y comisiones. Menos mal que acorté la novela bastante, pues si llega a quedarse con sus seiscientas páginas iniciales... 






       Está claro que no me mueve el afán de hacerme rica con la literatura. Nunca lo he pretendido, aunque tampoco arrastro mis obras a unos céntimos ridículos que acusan más que ensalzan. Pretendo, como casi todos los que escriben, ser leída y, si es posible, por personas inteligentes. Bien sabemos que en este país se lee poco. La falta de lectura es un mal endémico que nos afecta desde antiguo. Ya lo decía Mariano José de Larra: «Escribir en España es llorar».

Otro aniversario que llegará en breve, el 9 de noviembre, será el de este Cobijo. Cuatro años cumplirá la criatura. Aquí seguimos ambos, unas veces mejor y otras peor, pero siempre cómplices y hermanados, como los matrimonios bien avenidos.



Por último, no me despido sin indicar dos buenas nuevas para mí:

Primera.- En breve, un relato mío sale en un libro editado por La Esfera Cultural: ¿Vacaciones?, si yo te contara... Un libro antológico de relatos donde tendré el placer de compartir páginas con un buen número de amigos.
Segunda.- Ayer tuve el honor de participar con tres microrrelatos en un programa de radio dirigido por Mirentxu Asteinza y titulado Letras en audio, difundido a través de «El mundo en voz», en Rosario, Argentina. También comparto espacio radiofónico con buenos amigos, una suerte. Aquí os dejo el enlace, por si a alguien le interesa escucharlo. Es el programa número 8, emitido el 30 de octubre de 2013.

¡Buenos días de fiesta para todos y que triunfe el Tenorio antes que esas tonterías de calabazas importadas!

lunes, 11 de marzo de 2013

DE CORRECCIÓN


Quien se dedica a escribir bien sabe lo que cuesta conseguir una página medio decente, de la que nos sintamos algo satisfechos. En cada frase surgen dudas, decisiones que han de tomarse para que la historia discurra por una u otra dirección, compromisos con las palabras que usamos, esas que nos definen y definen el material poroso fruto de nuestra fiebre creadora.
En estos días me hallo sumergida en la tarea de corrección de mi segunda novela, una novela muy extensa que recorto y ajusto con constancia. Hace ya años que la acabé, por lo cual son muchos los puntos que debo vigilar: unas reglas de ortografía cambiadas –como, por ejemplo, la no acentuación de los pronombres demostrativos–, un lenguaje que ya me queda lejano y otra serie de extremos que quien haya corregido su propia obra, a efectos de publicarla, sabe lo resbaladizos que son. Todo se reduce a unas pocas palabras que se dicen muy pronto y se conjugan muy lento: concentración, horas, disciplina, espíritu crítico y algunas más que se alejan del ideal del escritor como un ser que escribe ab initio en la más pura de las perfecciones.
No voy a dar la tabarra con la muy conocida crisis editorial, los malos tiempos que vivimos a todos los niveles –entre ellos el de la cultura– ni las pocas salidas dignas que tiene alguien que escribe sin estar metido en los circuitos comerciales que mueven los hilos. Sé que muchos pensaréis que más vale abstenerse, no hacer nada, esperar... En mi caso, me he cansado de esperar y, de nuevo, acudiré a la vía de Amazon. En breve sacaré en esa plataforma la novela que ahora corrijo, la más larga que he escrito hasta ahora. Es mucho el trabajo que conlleva la aventura, pues una ha de hacer de todo: escritora, fotógrafa, maquetadora, correctora y promotora de la propia obra. Difícil, muy difícil, y más cuando se pretende un cierto distanciamiento que consiga unos resultados honrosos. 
Conforme avanzo, son más las cuestiones que se me plantean y que voy resolviendo de manera intuitiva. Una de ellas es la del precio, qué criterio seguir para poner un precio a una obra. En un principio, y con las otras dos que subí a Amazon durante el verano y el otoño pasados, y cuyas portadas con enlace ilustran esta entrada, decidí que sería a un céntimo por página. Así dicho no resulta ninguna barbaridad por la que nadie haya de poner el grito en el cielo, pero bien sabido es que en Amazon se vende muy barato y que existe un nutrido grupo de lectores que están muy pendientes de conseguirla, incluso, de forma gratuita. Sé que es un mal punto de partida un precio que supere el euro, pero... No haré demasiados comentarios, pero sí oigo una voz interna que me dice: «Cuanto más te agachas, más se te ve el culo», y quien quiera entender que entienda. Si con el trabajo que da publicarse uno mismo, aunque sea de manera virtual, nos degradamos como si ofertáramos una plancha o una tostadora –que, encima, valen mucho más que los libros que los autores españoles independientes publican en Amazon–, mal camino, muy malo. Quien no valora su esfuerzo, su creatividad y entra en circuitos de rebajas continuas u otras maneras de feriantes, venderá mucho, no lo dudo, pero hace un escaso favor a la dignidad de un oficio tan antiguo –y, por desgracia, mal pagado– como es este de la escritura.
Otra duda que tengo resuelta es la de la promoción. Voy a hacer promoción, pero me niego a estar todo el día metida en las redes sociales vociferando mis obras. Conozco personas que llevan ya años de promoción y siguen como el primer día, como si se tratara de un libro recién salido al mercado. No las critico, pero no las secundo ni las secundaré. No me interesa convertirme en una comercial de mí misma, de los demás ni de la propia plataforma de Amazon. A mí me gusta escribir y no voy a desperdiciar mi gramo de tiempo en cantar mis virtudes de manera continua –con la vergüenza que produce–. Admiro a quien es capaz de hacerlo, como a quien tiene una seguridad a prueba de bomba. Yo me desanimo pronto, me entristezco por una falta de empatía, me aflijo por un desprecio, me escondo cuando me prejuzgan, me azoro cuando no consigo algo de complicidad con los lectores... Por supuesto que lucharé por mis obras como mejor sé y en la medida de mis propias fuerzas, expondré y compartiré las alegrías que me dan, pero siempre he pretendido no ser pesada ni repetitiva ni dar una imagen frívola o de mercader ávido. No creo que vaya a cambiar ahora. 
En fin, que mi próxima entrada será para presentaros esa segunda novela mía en cuya corrección estoy trabajando. Ya tengo casi segura la portada tras una serie de pruebas y arreglos, todo muy casero con una máquina de fotos y el Picasa de ayudante. Me faltan los últimos toques al texto, los arreglos para que la obra se lea bien en un lector de ebooks y todos esos detalles que precisa un libro electrónico. Espero conseguirlo pronto. Otra cosa es vender, que obtengo muchas buenas palabras pero vendo bien poco, señal de lo pésima que soy en esto de la promoción. Y os aseguro que se vende todo con una buena promoción, hasta lo más soporífero. Tendré que aprender a promocionarme, tendré que hacerlo de una manera que no entre en colisión con mi carácter ni me robe la totalidad de mi tiempo.
Abrazos virtuales para todos y hasta pronto.


jueves, 6 de septiembre de 2012

LA HISTORIA DE LOS MIL NOMBRES


Como ya os anunciaba en la entrada anterior, ando de revoluciones internas y rebeliones externas. Siempre me han gustado los libros impresos y he soñado con ver mis obras publicadas de esa forma, pero bien sabéis que la realidad es aplastante con los sueños, y más en estos tiempos de crisis donde todo se tambalea, incluidas las editoriales y los autores sin posibilidades económicas para costearse sus libros.
En este trasiego de revoluciones y rebeliones, no me ha quedado más opción que meterme en experimentos técnicos y, por fin, han dado sus frutos. He conseguido publicar en Amazon mi primera novela: La historia de los mil nombres. Es una novela corta que escribí poco antes de cumplir los treinta años. Como debéis suponer, han pasado lustros y ya me encuentro lejana de la misma, tanto en temática como en estilo, pero es mi hija y, como tal, debo ampararla. La he releído hace poco y me he reído con ganas, como se ríe una madre con una primogénita algo gamberra a la que no ve desde hace tiempo.
Sin darle muchas vueltas a la cabeza, decidí que probaría con ella en Amazon a efectos de aprender a publicar en la referida librería virtual. Llevaba meses calibrando si publicaba o no allí, aunque sin saber qué. La decisión, rápida y alegre, la tomé más que nada por llevarme la contraria, porque soy una insegura patológica que nunca ve nada concluido, lo que me lleva a ser el más claro ejemplo de una Sísifo femenina. He condenado muchas obras a la oscuridad, pero el cansancio de escribir para el cajón del olvido, así como la necesidad de movimiento y de una pizca de alegría, me han llevado durante este verano a amonestarme muy seriamente: o cambiaba o me ahogaría en el pozo de mutismo en el que me encontraba sumergida. Y como el instinto de conservación prevalece en todos los animales, incluso en los humanos absurdos como yo, empiezo la aventura con esta primera novela donde aprendí no pocas técnicas narrativas (recuerdo que cambié los puntos de vista varias veces, maravillándome de los giros de la historia con cada uno de ellos, hasta que me quedé con el que está, pues era el que más me divertía).
Aquí os dejo el enlace a la página de Amazon donde podréis encontrar la novela y una sinopsis de la misma. También os puede interesar leerla a alguno. Para su lectura, sé que no todos tienen un aparatejo de esos llamados Kindle (un lector de ebooks), pero en la página, a la derecha, existen aplicaciones de lectura que da Amazon, y os podéis descargar de manera gratuita, para ordenadores, tablets y smartphones. Lo bueno es que se puede leer por muy poco dinero y a muchos clásicos de forma gratuita, aunque sé que nada es comparable a la implicación que se produce con un libro físico, pero a falta de pan....
En el enlace que os he dejado, también existe la posibilidad de que leáis el principio de la novela de manera gratuita, por si os interesa o no seguir adelante con su trama. Para ello, tendréis que tener el dispositivo de lectura descargado gratuitamente o el Kindle.
En fin, que me he lanzado al ruedo y quiero dejaros aquí constancia de mi alegría por haberlo hecho. Por supuesto, sin compromiso para vosotros.
Alea jacta est.

sábado, 1 de septiembre de 2012

DE VUELTA


Tengo a la jefa totalmente despistada. Por más que le chillo que ya es hora de que se acuerde de mí, ni caso. Me mira con ojos benevolentes y me responde lo mismo minuto tras minuto:
–Aguanta un poco, Cobijo, que estoy muy concentrada en mis cosas.
Es cierto que no para un segundo. Entre meditar los medios para salir adelante en el difícil mundo de las letras, estudiar estrategias para emerger indemne del sadismo financiero que se ha puesto de moda, leer todo lo que lleva atrasado y escribir largo y tendido, he llegado a la conclusión de que o tomo yo cartas en este asunto o me deja tirado como a un mal novio. Así que le he propuesto que me dejara hacer a mí, que tengo mis ideas y no la voy a dejar en mal lugar. Además, ya estamos a uno de septiembre y debe ser fiel a su palabra de retorno.
–¡Qué impaciencia! Haz lo que te venga en gana, que libre eres, pero quiero que sepas que estoy estudiando tu viabilidad con mi vida.
–¿Acaso piensas matarme y enviarme al limbo? –le pregunto con el terror impreso en todos y cada uno de mis pliegues virtuales.
–No digas tonterías, hombre. Te he cogido afecto, que son muchas las horas que he pasado a tu lado. Lo que ocurre es que el tiempo no se multiplica y has de pasar a un segundo plano, tener menos ansias de protagonismo.
–¡Vaya, y eso que soy tu cobijo!
–No te amohínes. Es normal lo que te digo. Lo anormal es tu tendencia expansiva, que me has salido muy sociable y debes comprender que no siempre dispongo de tiempo para llevarte de paseo a todos esos sitios que tanto nos gustan a ambos. Podremos acudir de vez en cuando, comentar si nos lo pide el cuerpo o pulsar el botón nuevo de Google que indica que nos ha gustado la lectura. Porque lo fundamental es eso: leer, pero leer con los cinco sentidos, no para dejar la impronta de nuestra huella, como el trámite de un paseo alocado para dar cumplimiento a una cortesía mal entendida, que en este mundo virtual hay mucha reverencia engañosa. Incluso, es probable que seamos más egoístas y edifiquemos más la propia casa que la ajena.
Agacho la cabeza y medito. Ha sido sincera, pero sé que no me ha dicho toda la verdad, que se reserva pensamientos y que me prepara sorpresas futuras. Últimamente, está algo mareada con tanta técnica: cualquier aplicación o artefacto exige estudio y hasta lo que, más o menos, domina, cambia de un segundo a otro. Sabe que alguien que escribe en nuestros días debe estar pendiente de muchos ámbitos técnicos distintos. Entre redes sociales, blogs, correos electrónicos y demás avances que tanto conectan y desconectan a los humanos, seguro que a ella le ha dado por pensar que no puede invertir todo su tiempo en ser una experta informática, una exhibicionista permanente o una frívola que se pasa el día de una pantalla para otra, que es tozuda y persevera en escribir, algo que siempre ha hecho en un alejamiento del mundo casi monacal.
Recuerdo sus palabras cuando le expuse mis protestas por abandonarme durante el mes de agosto:
–Hay épocas, amigo. Ahora estamos en verano y el calor distiende las costumbres, así que no te pongas serio. Relájate y disfruta. Quien más, quien menos, se sale de sus rutinas.
La miré sin ser capaz de espetarle una buena contestación. La conozco de sobra y sé que siempre maquina sobre mí. Ya la había pillado unos días antes en una conversación donde señalaba que cada vez tenía más claro que yo debía ser muy escueto, que el medio donde habito es la ley que impone, que la auténtica lectura se produce al margen de mis luminosos carriles amarillos, que la literatura discurre en las extensiones desérticas donde siempre se han movido los espíritus valientes.
–Además, eres un presumido que no consientes salir sin foto o pintura. Y estoy pensando en edificarte sólo con palabras.
–Yo te busco la foto si me das permiso.
–Allá tú, pero que sea fresquita y liviana.
–¿Me dejarás hacer la entrada?
–Ni lo sueñes.
Contento con su autorización parcial, rastreé en sus archivos de imágenes y saqué un mar azul de esos que la serenan tanto. Aunque tuve mis dudas sobre la bondad de mi elección, pues lo mismo le daba por escaparse a cualquier playa cercana ante su vista. Pero no se fue de playas, ni se escabulló más de lo prudente, pues sólo anduvo unos pocos días perdida por tierras de pinares con ecos literarios; el resto del tiempo lo pasó, como aún lo pasa, entre lecturas, escrituras y el intento de aclararse para publicar un ebook, que se le ha metido en la sesera publicar su primera novela, una que escribió cuando era aún muy joven. No sé si lo conseguirá, pues se le resiste algún aspecto formal, pero seguro que sí, que ella es vergonzosa para decirlo, pero yo no: necesita un impulso y, también, sentir que genera algún ingreso, aunque sean unos eurillos, que la crisis no la ha perdonado, como a tantos.
Sea lo que sea lo que haga de mí, aquí queda constancia de mis buenas intenciones y de su mala cabeza. Quizá me llene de micros, quizá me zambulla en la lírica, quizá me haga un cronista de esta sociedad que ya sólo se expresa en términos económicos y está regida por el miedo, quizá me llene de citas, quizá me use a modo de diario, quizá se atreva a expresar sus opiniones de una vez por todas... La desalmada es imprevisible, como me ha hecho ser a mí mismo. Ya se sabe que los humanos son unos seres peculiares en el mundo. El hecho de que sean muchos no nimba de normalidad su exotismo, ese que les impulsa a reflexionar sobre sus propios actos y sus más íntimos pensamientos.
Deseo que todos mis colegas estén pasando un magnífico verano, dentro de lo que nos dejan las sádicas noticias que sufrimos rutinariamente. Hemos de recuperar la sonrisa frente a la pretensión de establecer el miedo como moneda de cambio y paisaje habitual de nuestros días. No sé cómo, pero hay que apostar por la esperanza. No queda más remedio.
Abrazos virtuales para todos.


Fotografías de Isabel Martínez Barquero (Pinares de Soria)